PENSAMIENTOS… 59 Lo mejor de los mejor

PENSAMIENTOS… 59

LO MEJOR DE LO MEJOR

 

INTRODUCCIÓN 

La vida,  la salud, la felicidad, la familia, la comunidad, el compromiso cristiano y social, siempre serán temas actuales e importantes para volver a reflexionar y programar, en vista a una mejor realización personal y social. Eso es lo que veremos en estas páginas. La orientación y definición de la realidad humana dependerá mucho de la antropología que se profesa. Si se considera al hombre simplemente como un animal superior, con un destino inmanente y con necesidades únicamente materiales, biológicas y psicológicas, entonces la mejor propuesta de vida sería pasarla bien en este mundo buscando el máximo de satisfacción, para luego desaparecer, sin esperar juicios, sanciones o recompensas. En la visión atea, el comportamiento personal y las relaciones sociales, serían regulados por una ética de simple conveniencia, relativa a las situaciones concretas y posible de cambiar según los tiempos, la cultura y las necesidades. Si se profesa una antropología cristiana considerando al hombre con naturaleza espiritual y destino trascendente, con aspiraciones y anhelos de absoluto, perfección y eternidad, entonces la mejor propuesta de vida será buscar a Dios, en quien se halla lo infinito de todo bien y por ende la felicidad perfecta. Naturalmente cambiará la conducta moral, que se conformará a la voluntad de Dios, a las enseñanzas y preceptos de Cristo y a los dictados de la consciencia, con principios absolutos y fundamento racional y teológico. Confrontando la antropología, la teología y la ética de las demás confesiones cristianas y no cristianas, podemos asegurar que la doctrina católica les lleva mucha ventaja en cuanto a la perfección moral personal, a la conquista de la felicidad, a la concepción del hombre en relación con el prójimo, con la sociedad  y con el Dios del Bien y del Amor. Esto es lo que trataremos de demostrar en el presente trabajo.

 

INDICE                                                            números

La mejor propuesta de vida……………………………..   1 – 12

La mejor oferta de felicidad……………………………..  13 – 23

La mejor filosofía de vida………………………………..  24 – 33

La mejor educación………………………………………  34 – 41

La mejor salud física y mental…………………………..  42 – 50

La mejor familia…………………………………………..   51 – 59

La comunidad cristiana ideal……………………………   60 – 68

El mejor método evangelizador…………………………   69 -76

La mejor sociedad política económica…………………   77 – 85

Apéndice: Conclusiones del V°Congreso Americano Misionero

 

 

LA MEJOR PROPUESTA DE VIDA

  1. La mejor propuesta de vida es la que nos lleva a la plena realización física, mental y psicológica, a una conducta de perfección y a la felicidad. En este sentido no puede haber mejor propuesta que la de Jesús, porque nadie sabe más que Él sobre lo que nos conviene y lo que agrada a Dios. En efecto aquello que han vivido conforme a sus enseñanzas y sus preceptos, alcanzaron la perfección, la santidad y la salvación. El Señor nos indica cómo debemos vivir no solo según su palabra, sino especialmente según su ejemplo: su propia vida es la mejor propuesta. Jesús nos invita a seguirlo (Jn 8,12), a escuchar su palabra y a ponerla en práctica, para cimentar nuestra vida sobre roca  (Mt 7,24) y estar unidos a Él para dar muchos frutos de santidad (Jn 15,4-6).

  1. ¿Por qué la propuesta de vida del Señor es la mejor, superior a todas las demás? Porque nos enseña una moral perfecta y nos comunica la plenitud de vida en Dios. Todo su evangelio se basa en el amor a Dios y al prójimo. Y este amor genera santidad y gozo. El amor hacia Dios y el prójimo, que predicó Cristo, es de sentimiento (“con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”), y de cumplimiento (de los mandamientos, preceptos y virtudes). El amor nos transforma, nos motiva a ser perfectos para merecer el amor de parte Dios y del prójimo. La mejor fórmula de vida entonces es el amor y la perfección, porque se incentivan recíprocamente hasta llegar el tope de la santidad y la felicidad. Las demás propuestas de vida, fuera del cristianismo, fuera de la Iglesia Católica, faltan de esa perfección doctrinal y ética que pueda sustentar un proyecto de vida perfecto y gozoso. La historia es un registro de errores y  horrores cometidos en nombre de otras religiones: sacrificios humanos (sobre todo de niños), canibalismo, orgías, supersticiones, odio a las demás razas, hábitos degradantes, histeria, fanatismo; todo esto y más se les puede achacar. Los horrores cometidos por los cristianos en cambio se deben a su infidelidad al Evangelio de Cristo.

  1. Lo propuestas de vida de otras religiones no responden a lo que la razón, el corazón y la consciencia requieren para una auténtica pureza moral y una plenitud de vida interior. Por ejemplo las religiones monoteístas (el judaísmo e islamismo) consideran a Dios como un ser solitario y celoso; un Dios que es poder y justicia más que amor, castigando severamente a los que lo abandonan y autorizando la eliminación de los enemigos. Para los judíos vale la norma: “ojo por ojo, diente por diente” (Mt 5,38); “ama a tu prójimo y odia a tus enemigos” (Mt 5,43). Igualmente para los  musulmanes, según Mahoma, es legítimo matar a los enemigos del islamismo; y esperan una recompensa de bienes iguales a los de la vida presente. Los Judíos permiten el divorcio; los islámicos practican la poligamia (un marido con cuatro mujeres y más). Naturalmente niegan a Cristo, su evangelio y su Iglesia. Los laicistas, agnósticos y ateos, niegan a Dios, y por lo tanto no pueden justificar ni fundamentar una ética que supone el bien y el mal y su consecuente sanción; además viven sin esperanza de solución a su deseo de eternidad y felicidad, porque no creen en la vida del más allá; y en el más acá todo es relativo y precario.

  1. Las otras religiones politeístas, panteístas y animistas, llevan en su misma doctrina la negación de Dios, porque si hay varios dioses, uno tendría que tener lo que el otro no tiene, para distinguirse; pero entonces serían todos limitados, cosa que es contradictoria al concepto del verdadero Dios, que es Absoluto y Perfecto. Además adoran a los astros (el sol, la luna, las estrellas, la pachamama), a los animales (toros, serpientes), que no tienen inteligencia ni capacidad para aceptar la adoración y los pedidos de los hombres. Se ha llegado incluso a sacrificar seres humanos para propiciar o complacer a los dioses. También el panteísmo es contradictorio, pues identifica lo finito con lo infinito; la naturaleza con Dios, lo imperfecto con lo perfecto, lo relativo con lo absoluto. Si todo es Dios, entonces también lo es una piedra, un árbol, un animal etc. En eso coinciden con el animismo, que ven las creaturas irracionales y materiales, dotadas de espíritus y de poderes de actuación en beneficio o maleficio de los hombres. Todas estas concepciones religiosas, aunque manifiestan la intuición espontánea de la existencia de un poder divino y sobrenatural, sin embargo son erradas por su concepción filosófica y teológica insostenible e irracional. Y no concurren en nada a una propuesta de vida aceptable, pues una sana racionalidad exige un Absoluto Perfecto que satisfaga el deseo de infinito y perfección de la mente y el corazón humano.

  1. Las confesiones protestantes y evangélicas, si bien comparten con la Iglesia Católica muchas verdades de fe y normas de conducta, sin embargo carecen de elementos teológicos esenciales, como los sacramentos, la indisolubilidad del matrimonio, la Santa Misa, la presencia real de Cristo en la Eucaristía; afirman que basta la fe para salvarse, sin necesidad de las obras; niegan el primado del Papa y el ministerio de los obispos, sucesores de los apóstoles; interpretan la biblia individualmente (de ahí la división y multiplicación de las sectas, profesando cada cual su doctrina) etc. De esta manera no pueden ofrecer una propuesta de vida perfecta, según la voluntad de Dios y las enseñanzas y los preceptos de Cristo. Jesús dijo claramente a Pedro y los apóstoles: “Vayan por todo el mundo y enseñen a cumplir todo cuanto yo les he mandado… Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20); “quien los escucha, a mí me escucha; quien los rechaza, a mi me rechaza” (Lc 10,16). El papa y los obispos son precisamente los sucesores de Pedro y los apóstoles, a quienes debemos escuchar y estar unidos.

  1. ¿Cuál es la propuesta de vida que nos hace el Señor? En primer lugar orientar toda nuestra vida hacia Dios: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia” (Mt 6,33). Las primeras tres peticiones del “Padre nuestro” nos comprometen a dar prioridad a Dios: “Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. En el catecismo se nos enseña a “amar a Dios sobre todas las cosas”. Eso significa tratar de complacerlo en todo, obedecer a su voluntad, vivir desde Dios y para Dios, como Jesús: “El Padre me ama porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8,29). Para eso hay que estar atentos a lo que Dios nos dice y nos pide en la Revelación, en la consciencia y en la oración. San Pablo nos exhorta a “vivir según el Espíritu” (Gal 5,16); a vivir en Cristo (Flp 1,21). Jesús nos invita a “permanecer en su amor” (Jn 15,9), a seguirlo por el camino de la cruz y la luz (Mt 16,24; Jn 8,12). Pero la mayoría de los hombres, y aun los cristianos, están centrados en sus quehaceres temporales, olvidados de Dios; y muchas veces actuando en contra o prescindiendo de la voluntad de Dios.

  1. Otro aspecto esencial de la propuesta de vida cristiana, es vivir en perfección: “Sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). Esos significa hacerlo todo bien, como Jesús. La gente decía de él con admiración: “Todo lo hizo bien” (Mt 7,37). San Pablo escribe a los Filipenses: “Tomen en cuenta todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, honorable, virtuoso y digno de elogio… pónganlo en práctica y el Dios de la paz estará con ustedes” (Flp 4,8). Jesús al joven rico le propuso: “Si quieres ser perfecto, andavendelo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; luego ven y sígueme” (Mt 19,21). No es fácil ser perfecto en todo lo que hacemos, pensamos y decimos, porque supone el ejercicio de muchas virtudes y la lucha permanente contra nuestros vicios y defectos. Se trata de alcanzar la santidad moral y espiritual y la belleza interior para sentirnos bien, para llevarnos bien con Dios y con el prójimo.

  1. A veces el Señor nos exige algo que parece ir en contra de nuestra vida, de nuestra autoestima y de nuestra felicidad, como cuando nos pide que hagamos penitencia (Lc 23,5: Mt 3,8), que nos neguemos a nosotros mismos, que seamos humildes (Mt 23,12), que renunciemos a nuestros derechos a favor de otros (cfr Lc 6,29-30), que digamos siempre la verdad aun cuando nos perjudica (cfr Mt 5,37), que perdonemos setenta veces siete (cfr Mt 18,32), que estemos dispuestos a morir por Cristo y por el Evangelio (cfr Mc 8,34-38), etc. Si todo esto nos causara daño moral y psicológico, podríamos negarnos a aceptarlo. Pero sabemos muy bien que las enseñanzas y preceptos del Señor nos llevan a la pureza de alma, a la rectitud de vida, a la bondad del corazón y a la perfección personal y social. En cambio la conducta de los que no tienen religión, y también de los adeptos a otras religiones, provocan desordenes personales y familiares, y conflictos sociales; los ateos y laicistas en particular no podrán justificar ni fundamentar ninguna ética, porque según ellos no existe un Legislador con autoridad suprema (Dios) que imponga la ley y que aplique la sanción.

  1. La propuesta de vida del Señor es actuar con racionalidad y con fe, con corazón y consciencia, con sabiduría y equilibrio, con caridad y altruismo, con misericordia y compasión, con nobleza y solidaridad, con justicia y equidad, con humildad y sencillez; agradecidos con Dios y generosos con el prójimo… Basta leer el gran discurso de la montaña (Mt 5,21-7,28; Lc 6,17-49) y en particular las bienaventuranzas, para encontrar todos estos valores que hacen bella nuestra persona. Se ha intentado en todas las épocas proponer una conducta y una finalidad alternativas a la del Evangelio, pero siempre han resultado ser un desastre. Piensen en las consecuencias de las últimas propuestas de vida al margen de la fe cristiana: la del marxismo, del nazismo, del existencialismo ateo, del pragmatismo, del hedonismo, del laicismo posmoderno: todas ellas están enmarcadas en la inmanencia y en el relativismo, absolutizando respectivamente (de manera contradictoria) la clase proletaria, la raza ariana, la libertad individual, los intereses personales o de grupos, el bienestar y el placer físico, el humanismo ateo… De ahí las revoluciones violentas, las guerras y los genocidios, las dictaduras, la explotación económica, las injusticias sociales, la diferencia creciente entre ricos y pobres, la perversiones morales, la desintegración familiar, la despenalización del aborto, la ley del divorcio y del matrimonio gay, etc.
  2. Para ampliar y especificar cuanto dicho en el número anterior, voy a citar la respuesta de Ana Graham a una pregunta que le hizo Jane Claysonen un programa mañanero:<<“¿Cómo puede permitir Dios la destrucción de las Torres Gemelas, los ataques terroristas, las balaceras en las escuelas, los huracanes,  los sismos y  los  terremotos ocurran?”. Ana Graham con mucha perspicacia le contesto: “Dios está más conmovido con todo esto que nosotros mismos, pero como por años le hemos estado pidiendo que salga de nuestras escuelas, que salga de nuestro gobierno y que salga de nuestras vidas, y  siendo él  un Caballero, poco a poco ha ido dándonos gusto y alejándose de nosotros.  ¿Cómo podemos esperar bendición y  protección de parte de Dios si le exigimos con cada uno de nuestros actos que se aleje?  Me parece que todo empezó cuando Madeleine Murray O’Hare (quien más tarde fue asesinada) se quejó porque no quería  la oración en nuestras escuelas… y le dijimos que estaba bien. Luego, alguien dijo que sería mejor que no se leyera la Biblia en las escuelas… la Biblia dice: “no matarás, no robarás, y ama a tu prójimo como a ti mismo”.  Y dijimos que estaba bien.  

 

  1. Tiempo después el Dr. Benjamín Spock dijo que no debemos castigar físicamente a nuestros hijos cuando se comportaban mal porque sus inocentes  personalidades podrían deformarse, afectando su autoestima (sin embargo el hijo del Dr. Spock se quitó la vida). Creímos que un doctor de su prestigio sabía lo que estaba hablando, por tanto,  apoyamos su consejo.  Ahora nos preguntamos por qué nuestros hijos no tienen conciencia, por qué no saben distinguir entre lo bueno y lo malo, por qué no les importa matar a desconocidos, a sus compañeros de clase o, a sí mismos.  Probablemente, si lo pensamos mejor, podemos suponerlo.  Creo que en gran manera se relaciona con el viejo proverbio: “ cosechamoslo que sembramos”. En el día a día es común  ver  a las personas, ignorar, rechazar, y hasta burlarse de Dios, para luego, cuando viene el mal o la tragedia provocada por ellos mismos, achacarle a él toda la responsabilidad, preguntándose por qué este mundo va camino al infierno.  

 

  1. Es asombroso ver como creemos lo que dicen los medios noticiosos y la prensa, pero cuestionamos lo que nos dice la Biblia.  Es gracioso ver como se diseminan los diferentes tipos de chistes a través de la red cual fuego en el  bosque, pero cuando se trata de un mensaje bíblico concerniente a Dios, la gente lo piensa dos veces o más antes de compartirlo.   Es impresionante ver cómo los artículos lascivos, crudos, vulgares y obscenos vuelan como pólvora en los medios cibernéticos, pero la interlocución  pública sobre Dios y la Biblia está suprimida tanto en las escuelas como en los lugares de trabajo>>.  

 

LA MEJOR OFERTA DE FELICIDAD

 

  1. Son muchos los que ofrecen felicidad y vida plena, para esta tierra y para el cielo. Juan Arapovic afirma: Los filósofos nos dicen que es mediante la práctica de valores; los sicólogos nos dicen que teniendo una actitud positiva y poniéndonos metas;  los hedonistas aseguran que la felicidad se consigue buscando los placeres de la vida, y las religiones afirman que la felicidad se logra sólo en la unión con Dios”. Por su parte este autor propone un método – según él – fácil y eficaz para ser feliz, basado en la neurociencia, que denomina “felizméntica”. Esta consiste en “cargar la mente con pensamientos, visualizaciones y sensaciones positivas, y descargar la mente de pensamientos y sensaciones negativas… Los pensamientos negativos, alocados, tristes, de desesperación o de impotencia  liberan sustancias químicas, como el cortisol (hormonas de la infelicidad) que te hacen sentir mal. En cambio, los pensamientos alegres, positivos, de confianza y de cariño liberan sustancias químicas, como la dopamina, endorfina, serotonina y oxitocina (hormona de la felicidad) que te hacen sentir bien”. Hay mucha verdad en esto método, pero si no tenemos la idea y la esperanza de un Bien Absoluto que instalar en nuestro cerebro o en nuestra alma, no seremos felices del todo.

 

  1. Desde el 2013, se celebra el 20 de marzo el “día internacional de la felicidad”, gracias a una iniciativa de la ONU. El objetivo es hacer actividades para acabar con la pobreza, reducir la desigualdad y proteger el planeta, para así garantizar el bienestar y la felicidad en las políticas de gobierno de la sociedad en general. Seguramente el bienestar social es parte de la experiencia de felicidad, pero no lo es todo. Según la mayoría de los pensadores sobre este tema, la felicidad se da en la conjunción de aspectos físicos, químicos y espirituales, con mayor peso para estos últimos, porque el hombre es un ser compuesto de alma y cuerpo, con sus necesidades específicas: “no de solo pan vive el hombre”, dice Jesús (Mt 4,4). Según José F. Vaquero, la felicidad no se consigue obsesionándonos por buscarla a toda costa. El pensamiento oriental insiste en que lo principal no es buscar directamente la felicidad; pues es algo que nos llega, casi por casualidad. Los occidentales en cambio sostienen que la felicidad hay que conquistarla. Es estos últimos años ha surgido una nueva ciencia, llamada “happytología” (ciencia de la felicidad), que propone una serie de medidas de orden físico, psíquico, moral y espiritual, para alcanzar la felicidad.

  1. El Papa Francisco, en la jornada mundial de la juventud de 2016 en Polonia, se dirigió a los jóvenes en estos términos: “Si de verdad dejan emerger las aspiraciones más profundas de vuestro corazón, se darán cuenta de que en ustedes hay un deseo inextinguible de felicidad, y esto les permitirá desenmascarar y rechazar tantas ofertas “a bajo precio” que encuentran a su alrededor. Cuando buscamos el éxito, el placer, el poseer en modo egoísta y los convertimos en ídolos, podemos experimentar también momentos de embriaguez, un falso sentimiento de satisfacción, pero al final nos hacemos esclavos, nunca estamos satisfechos, y sentimos la necesidad de buscar cada vez más. Es muy triste ver a una juventud harta, pero débil”. Una vez más podemos afirmar con el Papa, que la felicidad que nos ofrece el mundo es poca cosa y a “bajo precio”; porque nosotros buscamos algo absoluto que haga nuestra plenitud. Eso no significa que no apreciamos los otros bienes; más bien sabemos agradecérselos a Dios, porque todo nos viene de Él.

 

  1. La Dra. Paloma Fuentes Gonzales, experta en happytología, afirma que se puede aprender a ser felices desarrollando actitudes como el optimismo, el aprendizaje, la gratitud, la empatía, la curiosidad, la percepción ampliada de la realidad, la creatividad… Tomar consciencia de que cada día tenemos una nueva oportunidad para ser más felices. Decidir ser protagonistas de nuestras vidas y no permitir que los acontecimientos externos u otras personas, situaciones, etc tengan la llave de nuestra felicidad. Otros autores aconsejan tener una escala de valores, invertir tiempo en las relaciones, especialmente con la pareja y los hijos; seleccionar los amigos, cultivar su persona, buscar un trabajo o una profesión satisfactorios, ordenar la economía, proponerse metas y programar nuevas actividades; vivir una espiritualidad abierta a la trascendencia, desestresarse…

  1. El famoso psicólogo Seligman sostiene que hay cinco tipos de felicidad: la vida placentera, la vida comprometida, las relaciones, la vida significativa y el sentido de logro. El primer tipo se basa en las emociones positivas, de carácter sensorial o emocional, como probar una comida deliciosa, darse una ducha refrescante, estar en compañía de personas que nos agradan… Los que buscan solo esta clase de felicidad están sujetas a las circunstancias externas y por lo efímero y variable de los placeres que proceden del exterior. El segundo tipo de felicidad deriva de una vida comprometida, en la cual se utilizan los recursos personales interiores, para conseguir gratificaciones en los principales ámbitos de la existencia, y no sólo basándose en las circunstancias exteriores; lo importante es como se interpreta y se afronta la realidad. Algunos ejemplos serían: enseñar algo a otro persona, leer o escribir un libro, tocar un instrumento musical, crear obras de arte…

 

  1. El tercer tipo de felicidad para muchos se da en las relaciones humanas, en las que encuentran alegría compartiendo su tiempo con otras personas, ya sea ayudándolos o realizando cualquier otra actividad. Dada la naturaleza social del ser humano, todos necesitan relacionarse positivamente con los demás, amar y sentirse queridos y apoyados para ser felices; por eso tenemos que dedicar nuestro tiempo a ello: a los familiares, amigos, colegas, compatriotas… La entrega solidaria, el servicio social y religioso; las acciones y las profesiones humanitarias, están en este nivel y producen esta clase de felicidad. El cuarto tipo de felicidad, similar al anterior, se caracteriza por emplear las propias capacidades y energías al servicio de algo que se encuentra fuera de su persona y que da sentido a su vida. Es la felicidad que se experimenta en el significado o vida significativa, sacrificándose por causas nobles, dándose todo por el bien de la familia, trabajando por un mundo más justo, facilitando la educación a las personas desfavorecidas, siendo voluntario de alguna organización de beneficencia etc.

  1. El quinto nivel, si se han practicado los anteriores, consiste en el éxito y el sentido de logro, lo cual, según Seligman, proporciona la plenitud de la felicidad. Toda persona normal y equilibrada necesita sentirse autónoma y competente en su vida; por eso se fija metas con las que pueda desarrollarse y conseguir éxitos. Estas metas ayudan a seguir creciendo como personas y también a nivel profesional o vocacional. Para eso se requiere dos condiciones: la confianza en sí mismo, que nos hace sentir competentes en lo que hacemos; y la motivación, que da sentido a nuestra vida y nos permitirá realizar planes y sentirnos realizados. Además de los cinco niveles de felicidad, hay que tener en cuenta los factores que la determinan. Según Lyubomirsky, Sheldon y Schkade, son tres factores: el temperamento, heredado genéticamente (lo biológico), que influye el 50% sobre nuestro sentir y nuestra conducta. Un segundo factor son las circunstancias (la salud, las creencias, los ingresos económicos etc.) que nos condicionan el 10%. Y el tercero es nuestra actividad deliberada: nuestra felicidad depende por un 40% de lo que hacemos diariamente y de nuestra manera de pensar.

 

  1. Las posibilidades u ofertas de felicidad no se limitan a lo dicho arriba, pues hay un sinfín de propuestas (algunas son repetidas) que es bueno tenerlas en cuenta, porque nos ayudan a ampliar y profundizar nuestra vivencia de la felicidad. Voy a enumerar unas cuantas sugerencias. Vivir el presente. Atender a las propias necesidades. Atender una tarea a la vez. Separar los problemas reales de los imaginarios. No pretender agradar continuamente a todos, pues supone un desgaste enorme. Sentirse responsable, pero no indispensable: limitarse a hacer lo que se puede. Comunicarse con asertividad, expresando con franqueza sentimientos, ideas y valores auténticos. Descubrir el placer de las cosas cotidianas como dormir, comer, pasear, hacer deporte, leer el diario etc. Seleccionar lo que resulta útil para la vida, y apartar lo que ya no resulta funcional. Respetar su propio ritmo de vida, gestionar el tiempo y adecuarlo a su propia vida. Cuidar la salud física y psíquica. Cultivar su persona con virtudes, habilidades y cultura. Revisar la escala de valores. Invertir tiempo en buenas relaciones, establecer una buena comunicación. Ordenar la economía. Fijar nuevas metas y nuevas actividades. Revisar la propia espiritualidad…

 

  1. Parecería que ya se ha dicho todo, y que no quedarían otras ofertas válidas para alcanzar la Sin embargo falta lo esencial. Vayamos al grano: la felicidad se da en los bienes; todos los bienes son limitados; nosotros deseamos el bien perfecto, absoluto, imperecedero; Dios es el Bien Infinito, entonces solo Dios puede ofrecernos una felicidad plena, total, eterna. Además es el mismo Dios quien nos proporciona todos los demás bienes de que disfrutamos: la vida, el amor, la belleza, la razón y la inteligencia, la creación entera… Y por encima de todo esto nos ofrece participar de su vida divina por medio de su Hijo y su Espíritu de amor. Es la mejor oferta de felicidad; no hay nada superior. La misión de Cristo en la historia consistió precisamente en hacer realidad este ofrecimiento increíble de Dios Padre. Jesús nos abre camino a la comunión con Dios, y también con los hombres.

 

  1. Veamos que nos propone Jesús para ser felices, y como conseguirlo. Leamos las bienaventuranzas (cfr Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Esta palabra significa dicha, gozo, alegría, felicidad. El Señor no solo declara bienaventurados a los pobres de espíritu, los afligidos, los mansos, los que desean la perfección, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por el Reino de Dios, los que son insultados y perseguidos por ser sus discípulos… sino que explica el por qué. Porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos, conquistarán el mundo, serán consolados, serán saciados de la plenitud de Dios, obtendrán misericordia, verán y gozarán de Dios, serán reconocidos como hijos de Dios, heredarán el Reino de los cielos, e inmensa será su recompensa. En todo el Evangelio podemos encontrar ofrecimientos de la felicidad más grande, como lo sugiere la misma palabra “Evangelio”, que quiere decir “Buena Noticia”.

 

  1. Con la parábola del banquete de bodas del hijo del rey, Jesús explica que el cielo es una fiesta, a la cual todos estamos invitados, pero con la condición de que llevemos el “traje de fiesta”, es decir la gracia de Dios (cfr Mt 22,1-14). Otra condición para participar del “gozo del Señor” es poner a fruto los talentos recibidos (cfr Mt 25,14-24); cumplir con las obras de caridad: “vengan benditos de mi Padre, reciban el Reino preparados para ustedes… porque tuve hambre y me dieron de comer…” (Mt 24,34-39). A los apóstoles en la última cena les dice: “Les he hablado estas cosas para que mi gozo está en ustedes, y su gozo sea perfecto” (Jn 15,11). Muchas veces el Señor habló de la salvación, entendiendo con esa palabra la posibilidad de entrar en la vida eterna, en la gloria del cielo, en la comunión con Dios, que produce felicidad plena. Y exhortaba a sus oyentes: “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar” (Mt 6,19-20). San Pablo escribe a los Colosenses diciendo lo mismo: “Busquen los bienes de arriba, no los de la tierra” (Col 3,2). Eso nos confirma en la convicción de que todos los bienes presentes son pasajeros y precarios, y que la mejor oferta de felicidad nos viene de Dios, porque es absoluta y eterna. El demonio engañó a Adán y Eva; tentó al mismo Cristo en el desierto; y sigue ofreciendo una falsa felicidad a todos, para apartarnos de Dios, nuestra verdadera felicidad. Los santos, los místicos la experimentaron ya en la tierra.

 

LA MEJOR FILOSOFIA DE VIDA

 

  1. Una de las definiciones de la filosofía de vida, es el arte de vivir, una forma de vivir con sabiduría, según lo que pensamos de la vida misma. Vivir quiere decir ser activo; la vida es movimiento, de otro modo uno estaría muerto. Los átomos de nuestras células y los órganos de nuestro cuerpo están en perpetuo movimiento. También nuestra mente, nuestro corazón, nuestra consciencia están activos, incluso durante el sueño. Con la filosofía de vida ordenamos nuestra existencia, coordinando nuestras energías y actividades para orientarla hacia el bienestar y la felicidad, para que tenga un sentido pleno. Debemos hacernos conscientes de lo que pensamos, entendemos y sabemos (desde la razón); de lo que sentimos, deseamos y valoramos (desde el corazón, desde la consciencia psicológica); de lo que está bien y lo que está mal (desde la consciencia ética). Es propio del ser humano construir su vida según criterios de consciencia y responsabilidad, voluntad y libertad, verdad y autenticidad. No es vida humana dejarse dominar y manejar pasivamente por factores exteriores o por los instintos y leyes físicas y biológicas.

  1. Otra definición de la filosofía de vida es tener principios, valores y criterios, para dar una dirección justa y provechosa a nuestra existencia. Nos puede guiar el sentido común, la experiencia propia y ajena; o con más profundidad y exactitud la filosofía, la psicología y la teología. Hay quien afirma que no es necesario tener una filosofía de vida; o mejor ésta consiste en vivir y disfrutar de los bienes que puedan captarse, con actitud positiva, sin mayores preguntas ni pretensiones desde el punto de vista ético y psicológico. Lo mejor, para muchos, es tomar consciencia de nuestra finitud, de nuestros límites y deficiencias, y vivir como se pueda y como se quiera, sin desgastarnos en luchas e ilusiones fuera de nuestro alcance. Pero esto no es vivir, sino vegetar; es resignarse y renunciar a una vida con mayores posibilidades que nos llevarían a una mayor felicidad. Vivir sin principios ni propósitos nos hace retroceder al estado animal, reduciendo al mínimo los beneficios que obtendríamos si nos esforzáramos por descubrir y asumir los valores superiores, y sobre todo la vivencia de Dios, que es el Bien Total.

  1. Para lograr una vida digna, rica y satisfactoria, debemos crecer en todas nuestras potencialidades espirituales, psicológicas y éticas, hasta llegar a la plenitud del saber, del amor y del ser. Para conseguirlo debemos buscar la mejor filosofía de vida. ¿Quién más que Dios podría orientarnos, incluso animarnos en nuestro proyecto de vida? Pues Él nos creó y conoce con perfección nuestra alma y nuestro cuerpo, nuestros anhelos y nuestras posibilidades, nuestras necesidades y nuestras dificultades. Dios nos ha creado para la felicidad, y sabe bien cual es camino certero o el mejor estilo de vida para alcanzarla. No todos tienen en cuenta a Dios para organizar su vida y encontrarle sentido. Por eso hay tantas vidas falseadas y malogradas, pues al tener una concepción errada, encaminarán toda su existencia por senderos equivocados, alejados del verdadero bien y de la felicidad. Quien tiene una filosofía de vida materialista y hedonista, relativista e inmanente, solo buscará los bienes materiales y los placeres sensibles, dejando frustrados la mente y el corazón que buscan verdades y bienes trascendentes y absolutos.

  1. En la Biblia podemos encontrar simples frases, preceptos o enseñanzas que nos pueden ayudar a formular nuestra filosofía de vida. Por ejemplo: “Caminaré en presencia del Señor” (Sal 116,9). Esta frase la elegí para escribir mi “Pensamientos 35”, cuyos capítulos son: buscando la presencia de Dios – vivir en presencia de Dios Bien infinito – en presencia de Dios Padre – en presencia de Dios Señor y Juez – en presencia del Señor Jesucristo – oración y presencia de Dios – celebrando su presencia – testimoniando su presencia – caminando a su encuentro – caminando con perseverancia -. Como se ve, la palabra “en presencia de Dios” incluye todo un programa de vida que puede motivar todas nuestras acciones y propósitos. Otra frase motivadora, con gran poder de orientar nuestra vida, es el mandamiento de “amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”, en el cual se encuentra resumida toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, según la afirmación de Jesús (cfr Mt 22,38-40; Rom 13,8-10).

  1. Otra fórmula bíblica: “sean perfectos” (Mt 5,48). Ahí tenemos la tarea más importante de la vida. Si vivimos de acuerdo a esta exhortación, nuestra filosofía de vida será imitar fielmente a Jesús, quien “todo lo hizo bien” (cfr Mc 7,31-37), y “pasó haciendo el bien a todos” (Hch 10,38). Ser perfectos en el amor, en la verdad, en el cumplimiento de los deberes familiares, religiosos y civiles; en el trabajo, en el trato con el prójimo, en nuestro hablar, en nuestros pensamientos (cfr Mt 5,28), también en nuestras diversiones; en las cosas pequeñas como en las más importantes (cfr Lc 16,10). Eso exige un control constante, una voluntad de agradar a Dios y el deseo de realizarnos en plenitud. –Una filosofía de vida puede ser también identificar la propia vocación y vivirla. Proponerse conocer y reconocer las inclinaciones, cualidades y capacidades, dones y carismas, para luego actuar conforme a su personalidad, coordinando esfuerzos y buscando los medios para la mejor realización de su misión en la sociedad y en la iglesia. No todos estamos para lo mismo. Dios nos ha creado con diferentes temperamentos, gustos y vocaciones, nos ha dotado de virtudes específicas para complementarnos y vivir en comunión.

  1. Una filosofía de vida común a todos debe ser vivir con ascética y mística. Son dos aspectos esenciales y necesarios que pueden involucrar toda nuestra vida humana y cristiana. La ascética nos compromete en la lucha contra todo mal, especialmente en su aspecto moral. No se puede vivir y convivir sin una conducta correcta, y menos podemos complacer a Dios. Por eso Jesús nos invita a la conversión (cfr Mc 1,15) y a practicar la penitencia (cfr Mt 17,21). La ascética continuará también después de la vida, en el purgatorio, si no habremos conseguido la perfección de nuestra alma. Todos sabemos de los vicios, defectos, delitos e inmoralidades que hace problemática nuestra vida personal y social. La mística eleva nuestro espíritu hacia las alturas de Dios, donde todo es bello, santo y perfecto, provocando grandes gozos y plenitud de vida. Los laicistas y agnósticos también hablan de mística, pero limitada a los ideales humanos y a los goces de la realidad inmanente. A la mística laicista le falta el absoluto divino, que es lo único que nos da la felicidad total. Ascética y mística se motivan recíprocamente para crecer hasta la perfección. La ascética nos lleva a la mística, porque nos purifica y santifica. La mística nos incentiva a practicar la ascética para merecer la unión gozosa con Dios.

 

  1. Hay personas, que han vivido conforme a una filosofía de vida que les dio grandes resultados, hasta alcanzar la perfección y la santidad. Formularon sus propósitos y opciones de vida en lemas, que los guió en todo su quehacer. San Agustín escribió: “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”. San Benito organizó su vida y la de sus monjes en torno al precepto “ora et labora” (reza y trabaja). San Francisco de Asís se propuso seguir e imitar a “Cristo pobre y crucificado”, despojándose de todo para llenarse del Todo: “Dios mío y mi Todo”, era su lema. San Ignacio de Loyola recomendó a sus religiosos hacerlo todo por la mayor gloria de Dios: “Ad mayorem Dei gloriam”. San Luis Gonzaga actuaba en vista de la salvación eterna, preguntándose en todo lo que hacía y pensaba: “¿Para qué me sirve eso para la eternidad?”. Una de las mejores frases de San Juan Bosco, que indica su filosofía de vida es: “Ahora tenemos que trabajar; ya descansaremos en el paraíso”. Santo Domingo Savio, jovencito de 14 años, se propuso: “Antes morir que pecar”. Santa Teresa de Calcuta se inspiró en su inmensa obra de caridad en su dicho: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Un gran letrado italiano escribió en su autobiografía: “Volli, sempre volli, fortissimamente volli” (quise, siempre quise, fortísimamente quise); y alcanzó la fama.

  1. Una filosofía de vida que no se basa en la fe, en la Palabra de Dios, no es verdadera sabiduría, porque los pensamientos y las verdades humanas no tienen la garantía y el alcance de la certeza absoluta, como la tiene la doctrina y la sabiduría divina. A través del tiempo el pensamiento filosófico como concepción de la vida y del mundo y su aplicación práctica, se han ido diversificando, con direcciones a veces opuestas, como el realismo socrático-aristotélico y el idealismo platónico; el espiritualismo metafísico del medioevo y el humanismo renascimental; el absolutismo y el relativismo; el positivismo y el romanticismo; el materialismo y el existencialismo; la filosofía analítica y la fenomenología; el teísmo y el ateísmo; hasta llegar a la babilonia del pensamiento contemporáneo que niega la verdad y la misma filosofía, para atenerse a una vivencia pragmática, es decir la experiencia subjetiva y relativista, material e inmanente. Como se ve, la inteligencia humana, creada por Dios para alcanzar la verdad, desviada por el error y el pecado, no es capaz de dar un fundamento objetivo y universal al sentido de la vida. Es necesaria la iluminación de la Revelación y del Espíritu Santo para formular una filosofía ajustada a la verdad y al bien de la vida humana.

  1. Todo el mundo tiene una filosofía, o una manera de pensar que lo determina en sus opciones de vida; aun aquello que dicen no tener ninguna filosofía de vida. No se puede vivir sin pensar lo que es bueno y lo que es malo, lo que nos hace felices y lo que nos resta felicidad; así que, aunque inconscientemente, siempre estamos actuando de acuerdo a lo que pensamos, por lo menos en ese momento. Si queremos vivir bien, con satisfacción y sentido, con paz y felicidad, debemos adoptar una filosofía de vida que sea la adecuada para cada uno. Y no hay mejor filosofía de vida que la que nos propone Cristo con su Evangelio. El V°Congreso Americano Misionero, tenía como lema “El Evangelio es alegría”. Evangelio significa “buena noticia”, por eso genera alegría. Y la alegría confiere a la filosofía de vida su sentido pleno. ¿Qué sentido tendría una manera de pensar y de vivir que produce sufrimiento, desgracia y perdición? La buena noticia del Evangelio está en la revelación y en la promesa de felicidad que se puede conseguir en Dios, a través de la fe, la ascética y la mística. La buena noticia del Evangelio está también en la perfección moral que propone y en las consecuencias positivas a nivel existencial, como realización pacífica y gozosa de la vida personal y social.

  1. Los valores del Evangelio, como el amor, la verdad, la justica, la pureza de alma, la rectitud moral, la proyección trascendente de la existencia humana, la participación en la vida divina… resulta ser la mejor filosofía de vida, en el sentido de vivir con sabiduría y felicidad. El árbol se reconoce por sus frutos (cfr Lc 6,43-45). La vivencia de Evangelio produce virtud, responsabilidad, compromiso, santidad. En Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo y el inicio de la evangelización, comenzó un proceso de unión y comunión en la fe y en la caridad. Un proceso todavía en acto, superando divisiones, derribando fronteras ideológicas, raciales y sociológicas; humanizando la economía y la política; moralizando las costumbres; sembrando valores e ideales trascendentes; encauzando la humanidad hacia el bien, la paz y la felicidad. Las personas y los pueblos que se cierran al Espíritu y a la predicación del Evangelio, adoptando otras filosofías de vida, persisten en sus egoísmos, explotación, idolatrías, injusticias, enfrentamientos, perversiones morales, violencias, inseguridad y malestar. De ahí la necesidad de organizar la defensa a nivel personal y social. A lo mejor podrán dar lugar a una moral natural y una conducta aceptable, pero al negar a Dios se pierden la felicidad total y verdadera.

LA MEJOR EDUCACIÓN

  1. La educación se imparte para la vida. Habiendo afirmado arriba que la mejor propuesta de vida y la mejor filosofía de vida es la cristiana, entonces la mejor educación es la cristiana, por lo menos en cuanto a contenidos. El término educar proviene del verbo latin “educere” que significa guiar, conducir; o del verbo “educare” que significa instruir, formar. Hay quien se inclina más por educere, quien por educare. Elena Martín Cabañas afirma que la educación es el “acto que consiste en enseñar, formar personas, desarrollar aptitudes y ser capaces de solventar problemas… El papel del maestro es sacar todo el potencial del alumno que posee de forma innata para su pleno desarrollo. No se trata de conducir al alumno hacia las metas marcadas por el educador, sino servir de guía para extraer todo su conocimiento”. Mi opinión personal es que los educadores – padres, maestros, autoridades, mayores – deben ayudar al menor a conocerse a sí mismo, conocer a los demás, tomar visión de la realidad social y del entorno natural; y enseñarles a vivir y convivir con todo esto. Es necesario inculcarle que desarrolle todo su potencial, y al mismo tiempo indicarles los valores, principios y verdades que deben guiarlo.

  1. Los mejores educadores saben también formar a los jóvenes para que tengan capacidad crítica para discernir el bien y el mal, sobre todo en sentido moral y espiritual. En nuestros tiempos, en que prevalece el subjetivismo y el relativismo, no es fácil hacer entender que hay valores y verdades objetivas que valen para todos y hacen el verdadero bien. Solo con la base de una antropología auténtica se puede formar a los jóvenes para que alcancen su plena realización. Al tener un concepto adecuado, justo y recto del ser y la vida humana, se puede construir una historia personal rica en valores y satisfacciones. Las antropologías contemporáneas, desligadas de Dios, adolecen de fallas graves. Hay quienes consideran al hombre como un animal superior en evolución, cuya realización apunta a la satisfacción de las necesidades biológicas e instintivas, menospreciando su naturaleza espiritual. Su objetivo será el mejor cuidado del cuerpo y los placeres hedonísticos. Otros limitan el horizonte y el tiempo de vida humana hasta la muerte física, sin proyección trascendente; todo su esfuerzo apuntará a vivir, sea como sea, el mayor número de años, porque “después de esta vida no hay otra”. Otros clasifican a los hombres algunos como superiores y otros inferiores (racismo, teoría del superhombre); unos para dominar otros para servir (clasismo, legitimación de la esclavitud). Otros consideran la lucha para la supervivencia como la ley de la vida: y los fuertes o mejor dotados están destinados a triunfar, los otros a morir (la ley de la selva). Las ideologías materialistas (marxismo, pragmatismo, laicismo) definen al hombre como una máquina para producir y consumir bienes económicos. La teoría psicoanalista sostiene que el hombre es un manojo de instintos que hay que liberar, para no reprimir el yo consciente o inconsciente. Con estas y otras doctrinas se mutila la persona humana cortándole las alas del espíritu y encerrándola en el espacio físico, para disolverse luego en la nada de la muerte.

  1. La antropología religiosa, y en particular la cristiana, ofrece la posibilidad de satisfacer los anhelos más profundos de la naturaleza humana, que son el deseo de felicidad interior, la paz de la consciencia, una relación de amor puro e incondicional, la necesidad de valores espirituales y eternos, la posibilidad de alcanzar la plenitud en un absoluto de perfección, bondad y belleza; la inmortalidad y eternidad de la vida. Una buena educación debe tener en cuenta la verdadera antropología; no puede ser cualquier concepción de vida, aunque sea aceptada y practicada con libertad; porque una antropología errada lleva a la ruina y la frustración de la vida humana, personal y social. Hay sistemas pedagógicos que fundamentan la educación en la libertad absoluta; pero esto llevaría al libertinaje, a la autoafirmación individualista, a la soledad, al enfrentamiento con los demás. Otros proponen como base exclusiva la voluntad; ésta podría degenerar en el voluntarismo y en la voluntad de poder, si no se tiene en cuenta las posibilidades y los objetivos reales de las personas y el bien común. Hay quien propone objetivos pragmáticos, como triunfar en los negocios, alcanzar el poder, desarrollar aptitudes y capacidades de vencedores, lograr la autoestima y la autonomía personal etc. Esta clase de educación lleva al egoísmo y al orgullo causando  conflictos sociales, cuando no se tiene en cuenta los derechos y la dignidad de los demás.

  1. Se habla mucho de educación a los valores, para una buena vivencia y convivencia. Algunos afirman que vivimos en una sociedad sin valores; otros que han aparecido nuevos valores asociados a la nueva realidad socioeconómica y cultural; también hay quien dice que el problema está en la multivariedad de valores, lo que produce confusión y desorientación en la actuación de las personas y la educación de las nuevas generaciones. Es importante la formación a los valores, porque estos terminan siendo normas de vida, donde se involucran sentimientos y creencias relacionadas con el sentido de la vida, las normas de conducta y las opciones de vida personal y social. Pero si los valores no son objetivos, auténticos y universales, pueden resultar antivalores para unos y otros, afectando la buena convivencia y la realización personal. Los valores que propone el cristianismo ofrecen mayor garantía de autenticidad, porque son dictados por la sabiduría divina, que inspiró la Sagrada Escritura, donde podemos sacar y proponer esos valores.

  1. Desde la Palabra de Dios podemos armar una escala de valores, que alimentan nuestra interioridad y ordena la vida según criterios de prioridad e importancia. La filosofía y la teología cristiana elaboró la siguiente escala de valores, que creo sea la mejor: en el primer lugar, están los valores religiosos (pues superan y fundamentan todos los demás, porque su vivencia lleva a la plenitud de vida); en segundo lugar, los valores morales (porque regulan todas nuestras actividades según la rectitud y honestidad); en tercer lugar, los valores del espíritu humano (es decir, intelectuales, afectivos, psicológicos, artísticos, creativos etc); en cuarto lugar los valores biológicos (la salud, la vida física); en quinto lugar, los valores económicos (bienes materiales, negocios, dinero). Asumir y respetar esta escala de valores, nos llevaría a la perfección personal y a las mejores relaciones sociales. Pero basta una mirada somera sobre la realidad humana para darse cuenta de que no todos viven según esta escala de valores. Por ejemplo, los valores religiosos y morales no son practicados como se debe (ateísmo militante o práctico, perversiones morales); a los valores económicos se los pone en primer lugar (codicia, avaricia); no todos respetan la vida y la salud propia y ajena (abusos, excesos, homicidios, suicidios), etc.

  1. La educación entonces no es solo instrucción, sino formación integral para la vida. Previo a la transmisión de conocimientos y datos de la realidad, de cultura y destrezas, hay que proveer a la formación del carácter, ayudar a los jóvenes a superar sus problemas afectivos y relacionales, acompañarlos en la conquista de su autonomía y responsabilidad, inculcarles principios y valores morales y espirituales, educarlos a buscar la verdad con honestidad intelectual y rectitud de consciencia. Y más allá de la formación humana, la educación cristiana apunta a formar el hombre “a la medida de Cristo”. Jesús envió a sus apóstoles a evangelizar y enseñar a todos los pueblos para que sean sus discípulos (cfr Mt 28,19-20). El propósito de los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, es el perfeccionamiento de los bautizados para la obra del ministerio, “hasta que todos lleguemos al conocimiento del Hijo de Dios, a ser perfectos a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (cfrEf 4,11-13). “Revístanse del Señor Jesucristo”, dice San Pablo a los Romanos  (13,14); porque él está “Lleno de gracia y de verdad’ (cf. Jn 1, 14), él es la ‘luz del mundo’ (Jn 8,12). El que cree en él, no permanece en las tinieblas (cf. Jn 12, 46). El discípulo de Jesús, ‘permanece en su palabra’, para conocer ‘la verdad que hace libre’ (cf. Jn 8, 31-32) y que santifica (cf. Jn 17, 17). En la Historia Sagrada Dios fue formando al Pueblo de Israel conduciéndolo poco a poco a las verdades y valores  religiosos, con una pedagogía que respetaba  su capacidad cultural y mental. Jesús perfeccionará la “Ley y los Profetas” con su evangelio y proponiéndose él mismo como “camino, verdad y vida” (Jn 14,6). En la historia del Pueblo de Israel notamos la gran importancia que se le daba a la educación religiosa. Al tiempo de Jesús se impartía la educación junto a cada sinagoga, donde se establecía una escuela elemental. La asistencia era obligatoria. El niño judío comenzaba su educación religiosa y moral a los seis años. Estudiaba la Ley, los profetas, la poesía y la historia de su pueblo, además de los ritos y las ceremonias. De los diez a los quince años completaba su educación religiosa estudiando las interpretaciones orales de la Ley y las tradiciones de los ancianos.
  2. También en la Iglesia, desde sus orígenes, se imparte la enseñanza religiosa, llamada catecumenado. La iniciación cristiana de los adultos se desarrollaba por etapas: el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística. Igualmente en el catecumenado y la catequesis actual. Naturalmente para los ministros (obispos, sacerdotes, diáconos) siempre se ha exigido una preparación doctrinal y espiritual más amplia y profunda. La base de la doctrina cristiana siempre ha sido la Revelación, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Las tres fuentes de la verdad teológica van juntas. Si bien el fundamento es la Biblia, sin embargo también la Tradición (del latin “tradere” = transmitir) tiene su peso, porque la Biblia (especialmente el Nuevo Testamento) es el resultado de lo que los Apóstoles predicaban oralmente, y que luego fue pasando a la Escritura. El Magisterio ha sido siempre la garantía de la recta interpretación de la Palabra de Dios y de la doctrina correcta. El mismo Jesús encargó a sus apóstoles enseñar las verdades reveladas y su Evangelio, prometiéndoles su acompañamiento y la asistencia del Espíritu Santo, el Espíritu de la verdad (cfr Jn 16,13); y les dijo: “Quien los escucha, a mí me escucha; quien los rechaza, a mí me rechaza” (Lc 10,16).

  1. En nuestros tiempos se necesita una mayor preparación, una “formación permanente”, doctrinal y espiritual, porque hay muchos “falsos profetas”: piénsese en las miles de sectas evangélicas, en las ideologías y filosofías ateas, el secularismo y el pragmatismo, el erotismo y el afán de consumo y de goces sensibles, que están socavando la fe de los pueblos, especialmente entre la juventud y las clases más acomodadas, anestesiadas por el bienestar material. Lo peor de esta situación de la cultura secularista, difundida por poderosos medios de comunicación, es que se presenta como la civilización superior, liberada, autosuficiente, tachando de infantiles, débiles y primitivos a los que practican la religión. Y no se dan cuenta de las consecuencias negativa de una educación laicista y agnóstica, que suprime lo mejor del ser humano: su interioridad abierta al infinito de Dios, el amor universal y a la ética perfecta del cristianismo. La historia nos da testimonio de esta clase de cultura degenerada, que produce inmoralidades, injusticias, luchas en todos los campos, desesperanza y nihilismo. La mejor educación será siempre la cristiana católica, porque responde plenamente a la naturaleza humana, cuerpo y espíritu, deseo de perfección y de felicidad, que solo se da en el Dios de santidad y amor enseñado por Cristo y su Iglesia.

LA MEJOR SALUD FÍSICA Y MENTAL

  1. En 1946, la Organización Mundial de la Salud (OMS) definió ésta como «el estado integral de bienestar físico, mental y social… y no solamente la ausencia de enfermedad». La salud y la enfermedad física y mental representan partes esenciales de la vida y están profundamente interrelacionadas. Se ha comprobado que la existencia de graves enfermedades físicas influye en el estado mental del afectado y su familia; al mismo tiempo, también se ha puesto de manifiesto que los trastornos psíquicos son causa de enfermedades físicas. Los enfoques terapéuticos más efectivos son los que tratan el cuerpo y la mente en conjunto, pues son un binomio indisoluble. Los filósofos griegos hablaban del hombre como una unidad hylemórfica (materia y forma, cuerpo y alma). La filosofía medieval definió al hombre como “animal racional”. Los romanos decían: “mens sana in corpore sano” (una mente o espíritu sano es causa de un cuerpo sano; y viceversa). Los psicólogos y neurólogos de nuestros tiempos sostienen que el cuerpo y la mente interfieren en el uno en el otro a través de sistema nervioso: la mente  trabaja con el cerebro, el cual está conectado con todos los órganos y células del cuerpo; por lo tanto todo lo que afecta el centro llega a las periferias; y lo que afecta a las periferias llega al centro, al cerebro y a la mente.

  1. Varias enfermedades se originan o se acentúan por factores psicológicos, como también su curación o mejoramiento. El estrés, por ej. se ha relacionado con la aparición de numerosas enfermedades cardiovasculares, la hipertensión arterial y la taquicardia. La ansiedad y la depresión afectan el sistema inmunitario y predispone a la repetición de infartos y cuadros arrítmicos. Al mismo tiempo la enfermedad física puede incrementar la depresión y la ansiedad. Se ha comprobado que la progresión del cáncer, no su inicio, puede verse influida en mayor medida por factores psicosociales. Los trastornos psicológicos suelen ser comunes en pacientes aquejados de enfermedades físicas de carácter crónico, como diabetes o cáncer. Por otra parte, se da un aspecto positivo en la interrelación mente cuerpo, pues un tratamiento adecuado de los problemas emocionales, puede mejorar en gran medida la vida de una persona que padezca una enfermedad física.

  1. Según los psicólogos la salud mental es el resultado de un estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural, que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones, para alcanzar un bienestar y calidad de vida. Factores emocionales, psicológicos y caracteriológicos intervienen a crear dicho equilibrio de vida. Para otros la salud mental incluye vario aspectos, como la capacidad de manejar el estrés, conflictos, temores y capacidades; desarrollar competencias y asumir responsabilidades; proveer a la manutención de sus propias necesidades; afrontar de manera controlada sus propias tensiones; tener relaciones interpersonales positivas; lograr una vida independiente; poder tomar decisiones importantes. Es opinión de muchos que  la salud mental es un estado de bienestar psicológico y emocional que permite al sujeto emplear sus habilidades mentales, sociales y sentimentales para desempeñarse con éxito en las interacciones cotidianas.

  1. Los trastornos psicológicos pueden ser hereditarios, genéticos, o fruto de una vivencia y convivencia desestabilizadora y estresante; se originan también de la falta de conocimientos y voluntad para hacer frente al desarrollo de las enfermedades psíquicas. Los trastornos pueden surgir por varias causas: después de una pérdida, ya sea de un ser querido, un hogar, una relación, un trabajo; por problemas financieros; por problemas de salud; por abuso de substancias (tabaco, acohol, drogas); abuso doméstico; dificultad de adaptación social; frustraciones y fracasos por complejos de inferioridad, timidez, histeria, bipolaridad, ezquizofrenia, anorexia, bulimia; por incapacidad de controlar el carácter; por ideas, eventos existenciales, recuerdos dolorosos, etc. Estas y otras enfermedades psíquicas producen sufrimiento, desequilibrio y desajustes de vida.

  1. La solución para aliviar y obviar las consecuencias de estos problemas se busca en la psicología, la medicina, la religión; y también en la política educativa, preventiva y de mantenimiento de la salud, más que terapéutica. Hay enfermedades que son incurables, como las psicosis; otras tienen un pronóstico favorable (neurosis). Será responsabilidad de todos trabajar para la salud mental y física de todos: individuos, familias, instituciones educativas, profesionales de la salud, autoridades públicas, ministros religiosos. Siendo múltiples las causas de los trastornos, también múltiples deberán ser los remedios y las intervenciones de compromiso y solidaridad. El desorden bipolar de los maníacos depresivos, por ejemplo, requiere una combinación de medicamentos, psicoterapias, auto-ayuda  y soporte social. El complejo de inferioridad podrá ser superado incentivando la autoestima de parte de la persona, y la aceptación de parte de los demás, el reconocimiento de sus aportes positivos a la familia y a la sociedad.  Los trastornos causados por las enfermedades físicas, podrán aliviarse o prevenirse por la higiene mental y el cuidado de la salubridad ambiental.

  1. Entre las estrategias para lograr la recuperación de la salud física y mental, se considera muy importante el modelo holístico, que incluye conceptos basados en perspectivas de antropologíaeducaciónpsicologíareligiónsociología; así como en conceptos teoréticos como el de psicología de la persona, sociología, psicología clínica, psicología de la salud y la psicología del desarrollo. Se trata de un conjunto orgánico de medidas con que se trabaja para atacar o prevenir las enfermedades psicofísicas. La recuperación se da ante todo en el ámbito de la aceptación social. La discriminación, la marginación y el estigma hace difícil el proceso de integración, en lo que se refiere al respecto y apreciación, al encontrar y mantener un trabajo, obtener un seguro de salud y el respectivo tratamiento.  Debe ser preocupación y tarea de todos recuperar a los enfermos, y no solo de los psicólogos y psiquiatras, pues forma parte de las responsabilidades de gobierno de una nación, de la formación en el núcleo familiar, de un ambiente de convivencia sana en el vecindario, de la responsabilidad asumida por los medios de comunicación y de la consciente guía hacia una salud mental en la escuela y en los espacios de trabajo y estudio en general.

  1. ¿Qué papel juega la fe religiosa en esta problemática? Carlos Pinto afirma: Hasta hace poco, la mayoría de los psiquiatras, médicos, psicólogos y otros profesionales de la salud consideraba a la fe cristiana un factor negativo para la salud mental, señal de inmadurez psicológica y generadora de neurosis y desajustes emocionales. En contraste, en la década de los noventa muchos la perciben como un elemento salutógeno mental y espiritual. Este cambio de actitud está ganando fuerza en la etapa histórica actual”. Según Freud (1907) el creyente es inmaduro y busca a Dios para resolver su ansiedad y necesidad primitiva de protección. Pero como señala Vitz (1988), un estudioso de Freud, el rechazo de la religión por parte de éste no se basó en conclusiones observadas en su trabajo clínico, sino más bien en proyecciones y presupuestos personales. En Cambio K.G. Jung (1875-1961) señala que la fe es algo trascendental y verdadero en el ser humano; que la experiencia religiosa puede llevar la persona a la plenitud psicológica y espiritual, siempre y cuando no sea muy teórica ni extremadamente emocional.

  1. Últimamente diversos organismos de salud se han referido en sus revistas profesionales a los efectos positivos de la fe en relación con la salud mental, en casos como el de la depresión, el suicidio, la delincuencia, el alcoholismo, el bienestar emocional, el divorcio, las enfermedades físicas o mentales, etc. La oración, la lectura de la Biblia y la participación activa en comunidades eclesiásticas, son ahora consideradas factores terapéuticos o prescripciones dadas por los profesionales de la salud mental a sus pacientes (Armentrout, 1995; Hill y Butter, 1995). Otros estudios señalan que la fe es un elemento positivo para la salud mental porque ofrece proveer un propósito definido para la vida, tener fe en Dios, poseer una amplia capacidad de amar y perdonar, facilitar la capacidad de meditar y experimentar paz interior, y el sentirse parte de una comunidad, lo cual conlleva un sentimiento de aceptación. Igualmente Spencer afirma: Mi sensación es que la creencia religiosa proporciona a las personas un sentido de propósito, identidad segura y la seguridad con respecto a su destino final”.

  1. La psicóloga especialista Kathie López, escribe: “La espiritualidad te ayuda en tu salud mental, porque si se vive a conciencia, te llena de valores como amor, perdón, agradecimiento, esperanza, paz, fortaleza. Te ayuda a ser más sano emocionalmente. También te da más salud interpersonal, porque, si realmente se vive eso, la persona está mejor consigo misma, pero también tendrá mayor tolerancia, respeto y amor a los demás, con lo que la salud de una familia o grupo social mejora” (Kathie Lopez, psicóloga). Al tomar consciencia de un Dios Padre, Todopoderoso y Bondadoso, que nos ama, y que todo lo dispone para nuestro mayor bien (cfr Rom 8,28), podemos entrar en un estado de paz y esperanza que nos ayuda a salir  más rápidamente de la depresión o la tristeza. “El creer en un Ser superior que se preocupa y  acompaña a los enfermos, ayuda a que la reacción ante los tratamientos médicos sea eficaz”, señala Patricia Murphy, investigadora y coordinadora de un estudio sobre el tema. Los que viven y practican la fe religiosa, tienen mayor fortaleza emocional para enfrentar crisis tales como la del abandono de la pareja o de enfermedades terminales, y en general presentan un estilo de vida saludable. Y por último (o primero), los que perciben a Dios como el Bien absoluto, eterno e infinito, pueden llegar a gozar de paz y alegría aun en medio de las pruebas y sufrimientos de la vida. Prueba de ellos son los santos y los místicos. Por eso la fe religiosa nos da la mejor salud mental y física.

LA MEJOR FAMILIA  

  1. La familia es una institución natural divina, fuente de vida y felicidad, hogar del amor, célula de la sociedad, “iglesia doméstica”. En la familia se dan una multiplicidad de relaciones y vínculos que hacen posible una vivencia y convivencia gozosa y provechosa para todos sus miembros: esposos, padres, hijos, hermanos. El Concilio Vat. II° afirma que “el matrimonio es una comunidad íntima de vida entre un hombre y una mujer, fundamentada en el amor responsable y en la mutua entrega, en vista del bien personal y de la generación y educación de su descendencia” (GS 48). La doctrina católica enseña que los fines del matrimonio son el amor y la transmisión de la vida; y las propiedades, que hacen posible el cumplimiento de tales fines, son la unidad y la indisolubilidad. Los esposos se convierten en padres al procrear a los hijos, constituyendo la familia. Lo que mantiene unida a la familia es el amor, que es específico y distinto en cada relación. El amor de los esposos involucra alma y cuerpo, sentimientos del corazón y sexualidad. El amor de los padres hacia los hijos es de cariño y protección; el de los hijos hacia los padres es de apego y afecto. El amor de los hermanos es de afecto y amistad. En toda clase de amor hay un doble aspecto: la complacencia y la benevolencia. La primera se da cuando cada uno aprecia, valora y goza de la presencia, las cualidades y el amor de los demás. La segunda, cuando hay deseo y disponibilidad para hacer el bien a los demás.

  1. El factor principal de la unidad y la alegría de la familia es el amor. Se dicen muchas cosas del amor: que es una ilusión, que es ciego, que el amor es todo, es sufrido, hace la felicidad, es dar, es darse, es un sentimiento, una emoción, atracción, el sentido de la vida… Y se expresa de muchas maneras: con abrazos, sonrisas, poemas, declaraciones y mensajes, un corazón flechado, alabanzas y gestos de aprecio, regalos. Se habla de amor platónico, amor sexual, amor espiritual y moral; se distingue entre amor verdadero que es donación, y amor interesado que es apropiación y dominio; de amor a primera vista, y amor a distancia; amor incondicional y amor interesado; amor de esposos, de padres, de hijos, de hermanos, de amigos; amor a la casa, al trabajo, a la patria; amor a la verdad, a la justicia, al arte; amor a Dios y amor al prójimo, amor a sí mismo, amor propio… El 14 de febrero se celebra el Día del Amor y la Amistad, también conocido como San Valentín. Es una fecha en la cual las personas demuestran el amor a su pareja o expresan su cariño hacia sus amigos. Se organizan cenas, salidas románticas, viajes o fiestas para celebrarlo. Ciertamente el amor es uno de los valores universalmente más ricos y más apreciados.
  2. El amor en familia es el que sobresale entre toda clase de amor. Debería durar hasta la muerte y más allá de la muerte. Pero ¿cómo se vive actualmente el amor familiar, entre esposos, entre padres e hijos, entre hermanos? El P. Fernando Castro  el P. Jaime Molina, en su catecismo, señalan aspectos positivos y otros negativos de la vida familiar. Los aspectos positivos serían: “una conciencia más viva de la libertad y responsabilidad personales en el seno de las familias; el deseo de que las relaciones entre los esposos y de los padres con los hijos sean virtuosas; una gran preocupación por la dignidad de la mujer; una actitud más atenta a la paternidad y maternidad responsables; un mayor cuidado a la educación de los hijos; una mayor preocupación de las familias para relacionarse y ayudarse entre sí”. Los aspectos negativos serían: “una equivocada concepción de la independencia de los esposos; defectos en la autoridad y en la relación entre padres e hijos; dificultades para que la familia transmita los valores humanos y cristianos; creciente número de divorcios y de uniones no matrimoniales; el recurso fácil a la esterilización, al aborto y la extensión de una mentalidad antinatalista muy difundida entre los matrimonios; condiciones morales de miseria, inseguridad y materialismo; la emergencia silenciosa de gran número de niños de la calle fruto de la irresponsabilidad o de la incapacidad educativa de sus padres; gran cantidad de personas abandonadas por falta de familia estable y solidaria”.

  1. Las relaciones familiares varían según el tipo de familia. Los cambios culturales de las últimas décadas han influido fuertemente en el concepto tradicional de la familia, y han dado lugar a graves deficiencias en el amor y la unión familiar, en la educación de los hijos y en la felicidad del hogar.  Se han individuado los siguientes tipos de familia: – Familias nucleares o tradicionales, compuestas por un matrimonio heterosexual con o sin hijos. – Familias separadas, en las que cada progenitor vive en un domicilio diferente. – Familias reconstituidas, que han formado una nueva familia con otra pareja, con o sin hijos propios. – Familias extensas, en las que conviven también otros familiares, como abuelos, tíos o primos. – Familias monoparentales, con un solo progenitor, bien por elección o por imposición. – Familias homoparentales, compuestas por dos hombres o dos mujeres. – Familias adoptivas: aquellas en las que conviven uno o varios hijos adoptivos. – Familias de acogida: aquellas en las que conviven uno o varios niños de acogida. – Familias profesionalizadas: aquellas en las que conviven uno o varios niños de acogida y son remuneradas por ello.

  1. El Concilio Vat.2° observa que “La dignidad de la institución del matrimonio no brilla en todas partes con el mismo esplendor, puesto que está oscurecida por la poliandria y la poligamia, la epidemia del divorcio, el llamado amor libre y otras deformaciones. Es más, el amor matrimonial queda frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y los usos ilícitos contra la descendencia” (GS 47). En la “Familiar Consortio” leemos: “No faltan signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales: una equivocada concepción teórica y práctica de los cónyuges entre sí, las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, las dificultades concretas que con frecuencia experimenta la familia en la transmisión de los valores, el número cada vez mayor de divorcios, la plaga del aborto, el recurso cada vez más frecuente a la esterilización, la instauración de una verdadera y propia mentalidad anticoncepcional” (FC 6). A todo esto hay que agregar la legalización del aborto, del matrimonio gay en varios países; el concubinato, el libertinaje sexual, la infidelidad matrimonial, el adulterio, la pornografía, el comercio sexual, el abuso de niños etc.

  1. El proyecto de Dios con respecto al matrimonio y la familia, es el mejor de todos, pues se basa en dos grandes valores: el amor y la vida. Un amor verdadero, sincero, auténtico, que busca el bien de cada uno y proporciona a todos el bienestar psíquico y las mayores alegrías. El amor cristiano está arraigado en el amor de Dios, quien exige perfección en el ser, el obrar y el pensar. Sabemos que a mayor perfección de cada uno, se dará mayor aprecio y gozo para todos. El amor que nos pide el Señor debe ser total, capaz de superar toda división y rechazo; por eso no se permite el divorcio, que es la muerte del amor conyugal. No se tolera el egoísmo y el orgullo, que despojan y humillan a los demás. No se concibe el machismo y el feminismo, que someten y discriminan a los familiares. San Pablo nos da una lista de virtudes que deben sustentar el amor de la pareja, de los familiares y del prójimo en general: << El amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará… Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor>> (1Cor 13,4-13).

  1. En las familias donde se vive el amor cristiano, se dan las mejores condiciones para la unidad, la ayuda mutua, la educación y formación de los hijos, la paciencia para sobrellevar los límites, defectos y errores; facilita el perdón y la reconciliación. El amor hace posible la fidelidad de los cónyuges y la duración del matrimonio “hasta que la muerte los separe”.  En el amor cristiano no se permite la poliandria y la poligamia, en base a la palabra de Dios: “los dos serán una sola carne” (Gn 2,24); “quien se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio” (Lc 16,18).        Y también en razón del mismo amor conyugal, que debe ser total y exclusivo, si no sería un amor parcial, por lo tanto imperfecto. Tampoco se permite el divorcio, por la misma razón, y no solo por el precepto del Señor (“lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”: Mt 19,6), sino por la naturaleza propia del amor, que no admite rechazo y abandono. Jesús se opone al divorcio, permitido en el A.T. por la “dureza de corazón” de los israelitas (cfr. Mt 19,8).   El amor cristiano, en familia y con los demás, es muy exigente y dificultoso, pero también el más gratificante y provechoso. Exige sacrificios y renuncia de sí mismo, para darse totalmente al otro con generosidad y altruismo; pero el otro, movido por la misma exigencia, devolverá más amor, junto al aprecio y la gratitud.

  1. El otro valor fundamental en la familia, es la generación, el cuidado y el desarrollo de la vida, para la continuidad de la especie humana en la tierra. Dios hace partícipes a los esposos de su poder creador. No es casualidad que la humanidad esté compuesta por mitad de varones y por mitad mujeres, con la necesidad biológica y afectiva para unirse, complementarse y engendrar hijos. Todos los esposos gozan al convertirse en padres, al recibir en sus brazos a los hijos. El amor entrañable los habilitará para buscar lo mejor para sus hijos; serían capaces hasta de dar la vida por ellos. Por otra parte los hijos necesitan del amor, la atención y protección de los padres, para crecer, desarrollarse y vivir serenos y equilibrados. “Aquella familia, que eduque a sus hijos en un ambiente respetuoso, sin agresividad física, sin gritos, sin chantajes emocionales, sin castigos, con amor, con cariño, con afecto, con capacidad de escucha, con diálogo, con entendimiento, con respeto, con apoyo, con incondicionalidad, con ayuda, con abrazos… Esa familia es la mejor escuela de vida para los hijos” (Autor annónimo).

  1. El amor y la educación de los hijos suponen un matrimonio estable, monogámico, heterosexual, con capacidad de amar, con personalidad equilibrada y sana psicológicamente y moralmente. Esto es precisamente lo que propicia la fe católica. La doctrina cristiana, extraída de la Biblia, garantiza el mejor cuidado y la mejor formación de los hijos, porque nos proporciona los principios y las normas de conducta perfecta, ya sea para los padres como para los hijos. El salmo 19 reza: “La ley de Dios es perfecta y nos da nueva vida. Sus mandatos son dignos de confianza, pues dan sabiduría a los jóvenes. Las normas de Dios son rectas y alegran el corazón” (Sal 19,7-8). En este contexto, el aborto es inconcebible, porque es la negación de la vida y del amor. Los hijos, educados en la perfección cristiana, sabrán responder con amor y virtud al esfuerzo y el cariño de sus padres. Ya en el A.T. se nos manda: “Honra a tu padre y a tu madre” (Ex 20,12); “Recuerda que gracias a ellos has nacido; ¿cómo les pagarás lo que hecho por ti? (Ecl 7,28; Ecl 3,12-14). San Pablo escribe a los Efesios: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (Ef 6,1). La Palabra de Dios y la oración hará la fortaleza del amor en familia.

 LA COMUNIDAD CRISTIANA IDEAL  

  1. La mejor comunidad cristiana es la que se inspira en los Hechos de los Apóstoles, donde San Lucas describe como vivían los primeros cristianos de Jerusalén. En Hech 2,42 leemos: “Los discípulos asistían con perseverancia a la enseñanza de los apóstoles, tenían sus bienes en común, participaban de la fracción del pan y en las oraciones”. En Hech 4,32: “La multitud de los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma”. En Hch 5,14: “Cada vez más creyentes se adherían al Señor, una gran multitud de varones y mujeres”. De estos textos podemos anotar cinco pilares, que son esenciales, para conformar una comunidad que se identifica como Iglesia, así como la quiso el Señor: la formación, la oración, la Eucaristía, vida de comunidad, la misión.

  1. La formación que impartían los apóstoles se basaba en la Palabra de Dios y en el anuncio de Cristo muerto y resucitado y su evangelio. Daban testimonio de Jesús asegurando que Él era el Mesías prometido y anunciado desde antiguo, citando como prueba las Escrituras. El mismo Jesús había dicho a los escribas y fariseos: “Ustedes escudriñan la Escrituras… son ellas que dan testimonio de mí” (Jn 5,39). Igualmente a los discípulos de Emaús: “¿Acaso el Mesías no tenía que padecer todo esto para entrar en su gloria? – Y comenzando por Moisés y todos los profetas les explicó todo lo que en las Escrituras se refería a Él” (Lc 24,26-27). También a los apóstoles les dijo: “Esto es lo que les dije cuando todavía estaba con ustedes: que se debía cumplir todo lo que está escrito acerca de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos… Ustedes son testigos de todas estas cosas” (cfr Lc 24,44-48) En el día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie junto con los once, levanto la voz y dijo a la multitud: “Israelitas, escuchen lo que les anuncio: Jesús el Nazareno, hombre acreditado por Dios ante ustedes con los milagros, prodigios y señales maravillosas que el mismo Dios realizó por él entre ustedes, como todos saben, a este hombre que fue entregado de acuerdo con el plan de Dios y la previsión de Dios, ustedes lo mataron, crucificándolo por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó…” (Hch 2,22-24). Pedro siguió citando las profecías y terminó el discurso diciendo:  “Qué todos los israelitas sepan muy bien que Dios constituyó como Señor y Mesías a este Jesús que ustedes crucificaron… Conviértanse y que cada uno se bautice en el nombre de Jesús el Mesías… – Con muchos otros argumentos les daba testimonio y los animaba diciendo: sálvense de esta generación perversa” (Hch 2,36- 41).

  1. Los cuatro Evangelios y todo el Nuevo Testamento son predicación y “enseñanza de los apóstoles”, quienes despertaron y afianzaron en la fe a las primeras comunidades cristianas. Para formar una comunidad auténtica y fervorosa, es necesario comunicarles los contenidos de la fe, la doctrina revelada y los hechos de la Historia Sagrada. “El justo vive de la fe” dice San Pablo (Rom 1,17; Hbr 10,38). Y el apóstol afirma: ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Rom 10,14). Muchos cristianos y muchos católicos no tienen formación doctrinal, moral y espiritual, por eso no viven en profundidad y con coherencia los compromisos de la fe. Lo poco que aprenden en el catecismo de primera comunión y confirmación, lo olvidan pronto; además recibieron una catequesis adaptada a esa edad, que necesita ser complementada por mayores conocimientos para guiar su vida de adultos. El papa emérito habló de “analfabetismo religioso” como causa de la indiferencia, el ateísmo práctico, la falta de cumplimiento, o el paso a otra religión. Aquellos que entran en algún grupo de iglesia y son instruidos en las verdades de la fe, pronto recuperan su vida cristiana, se convierten y siguen con alegría el camino de la salvación.

  1. El otro pilar para animar la vida cristiana es la oración. Esta nos permite relacionarnos directamente con Dios y vivir unidos a Él. La palabra “religión” viene de “religare”, que quiere decir tener lazos y vínculos de unión. El alma humana con sus anhelos de infinito y perfección, necesita de Dios, para vivir en plenitud. La oración de contemplación nos lleva a la adoración y al “gozo perfecto” (Jn 15,11). La oración de petición nos consigue esos bienes que necesitamos para vivir con paz y alegría. La oración de propiciación, para obtener el perdón de las ofensas y pecados que nos distancian de Dios. La oración de acción de gracias para agradecer a Dios todos los bienes de la vida presente y la vida futura. La oración hecha con fe y confianza nos gana el corazón de Dios, que siendo “Padre nuestro” y Dios de “Amor” (1Jn 4,8), está atento a nuestras invocaciones. Por medio del profeta Jeremías Dios nos promete: “ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé” (Jer 29,12; cfr Sal 145,18). Jesús nos asegura: “Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán” (Mc 11,24; cfr 1Jn 5,15).

  1. Tercer pilar: la Eucaristía. Ya sea como acto de culto (Misa), ya sea como sacramento (Comunión), es otro medio poderoso para construir una auténtica comunidad cristiana. Los primeros cristianos “Acudían asiduamente a la fracción del pan”, “compartían el pan en sus casas, comiendo con alegría y sencillez” (Hch 2,42.46; Hch 20,7). Juntos hacían al Padre la misma ofrenda de Acción de Gracias presentando el Cuerpo de Cristo “que será entregado para la redención de muchos” (Lc 22,19), y la Sangre de Cristo, que “será derramada para la remisión de los pecados” (Mt 26,28). Todos los presentes recibían el mismo “pan de vida eterna” que los unía en Cuerpo Místico de Cristo, compartiendo la misma vida divina para que “Dios sea todo en todos” (1Cor 15,28).  “Si uno solo es el pan  – dice San Pablo – y todos participamos de ese único pan, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo” (1Cor 10,17). Celebrar la Eucaristía y recibir la Comunión exige pureza de alma (1Cor 11,27-29) y caridad para con el prójimo (cfr Mt 5,23-24). Eso hace crecer la unión y el amor en la Iglesia. Habrá que insistir más sobre la Eucaristía, pues no se la valora como es debido, y muchos no participan de ella ni en los “días del Señor” (domingo), siendo que es el manantial de todas las gracias y el medio más eficaz para construir la mejor comunidad cristiana.

  1. Cuarto pilar: vida de comunidad. La palabra Iglesia viene de “ekklesía” y significa precisamente comunidad, asamblea. En la Iglesia primitiva vivían como una gran familia, en comunión (koinonía), compartiendo la fe, la oración, las necesidades, las inquietudes, la misión evangelizadora. “Acudían asiduamente a la convivencia o unión fraterna” (Hch 2,42), “perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios (Hch 2,46), “tenían un solo corazón y una sola alma” (Hch 4,32),  “compartían todo cuanto tenían” (Hch 2,44), “no había entre ellos ningún necesitado” (Hch 4,34). En la carta a los Hebreos el autor exhorta a los fieles a “no abandonar la asamblea y a animarse mutuamente” (Hbr 10,25). Parece una comunidad utópica, idealista más que ideal. Y sin embargo esa era la realidad. Y se hizo posible por la vivencia del Evangelio, por su común unión en Cristo, por “el amor de Dios derramado por el Espíritu Santo en sus corazones” (Rom 5,5).

  1. ¿Será posible en nuestros tiempos vivir como la primera comunidad cristiana, superando las diferencias, unidos en Cristo? San Pablo escribe a los Gálatas: Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3,28). Por eso exhortaba a los fieles a “ser solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef 4,3). Jesús en la Ultima Cena rogó al Padre para que “todos sean uno” (Jn 17,21). Fundamento de la unidad en la Iglesia siempre será Pedro y los apóstoles y sus sucesores el papa y los obispos ( ). La SSma. Trinidad es la raíz y el modelo de unidad plena. Los religiosos/as a lo largo de los siglos han intentado reproducir la vida en comunidad, compartiendo todo en la fe y la caridad, tomando como ejemplo a Cristo y los apóstoles y a la iglesia primitiva. En nuestros tiempos, con la escasez de clero, las parroquias son demasiado grandes y extensas para conocerse todos y compartir la vida cristiana. Por eso en el  sínodo de los obispos sobre la catequesis en 1977, se habló de organizar las parroquias en comunidad de comunidades. Pero hay otras alternativas para lograr una vivencia cristiana en comunión: dentro de la Iglesia han surgido muchos grupos e instituciones, asociaciones, cofradías, movimientos, especialmente laicales, que ofrecen un espacio de formación, oración y misión, para vivir en comunidades fervientes la comunión cristiana con profundidad e intensidad espiritual.

  1. Quinto pilar: la misión. Cristo fundó la Iglesia para que sea ”sacramento universal de salvación” (LG 1,2; GS 45,1; AG 1,1), “luz del mundo, sal de la tierra, levadura en la masa” (Mt 5,13-16).    ”Dios quiere que todos los hombres se salven” (1Tito 2,4), por eso quiso que la Iglesia, sacerdotes y pueblo, sean testigos de Cristo (cfr hch 1,8) y anuncien el Evangelio a todos los pueblos, para que todos “tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10). Así lo hizo la primera comunidad cristiana: “Los Apóstoles daban testimonio de Jesús resucitado con mucho valor” (Hch 4,33). La Misión brotaba y era consecuencia de lo que habían oído, visto y contemplado con sus ojos, y tocaron sus manos, acerca de la Palabra de la Vida, “pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio” (1Jn 1,2). El Señor confirmaba su predicación con señales, milagros y prodigios: “Ellos salieron a predicar por todas partes, mientras el Señor los asistía y confirmaba la palabra con las señales que la acompañaban” (Mc 16,17.20; cfr Hch 5,12-16). De esa manera  se iba incrementando el número de cristianos: “Cada día el Señor incorporaba a la comunidad a los que iban a salvarse” (Hch 2,47). En Pentecostés se bautizaron unas tres mil personas (Hch 2,41)

  1. La misión continúa en la Iglesia, porque es voluntad del Señor que su Evangelio llegue hasta los confines de la tierra, y hasta el fin de los tiempos: “Vayan por todo el mundo… Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. La Iglesia ideal es la que está evangelizada y que evangeliza. Actualmente en el mundo somos unos dos mil millones de cristianos, y de entre ellos los católicos somos mil doscientos cincuenta millones. Faltan todavía cinco mil millones para evangelizar. Además hay que re-evangelizar a los cristianos, pues no viven la fe con fidelidad y profundidad. Se habla de una nueva evangelización, “ad intra” y “ad extra” (dentro y fuera de la Iglesia). Toda la comunidad debe comprometerse en la acción misionera, pues todos están habilitados para hacerlo, con los carismas recibidos del Espíritu Santo. San Pablo escribe a los Efesios: “Él (Señor) constituyó a unos apóstoles, a otros profetas; a unos predicadores del Evangelio, a otros pastores y maestros, preparando así a los santos (bautizados) para el servicio eficaz de la edificación del Cuerpo de Cristo…” (Ef 4,11-12; cfr 1Cor 12,28-29). En América Latina, desde la Conferencia de Aparecida (2007), estamos comprometidos en la “misión permanente”. A mediados de julio de este año se realizó el quinto Congreso Americano Misionero, en Santa Cruz, con el lema “América en misión: el Evangelio es alegría”. La comunidad que evangeliza deberá mantener siempre encendido el fuego del Espíritu, porque nadie da lo que no tiene; y eso le dará vida y la hará mejorar como Iglesia del Señor.

LOS MEJORES  EVANGELIZADORES

  1. Los mejores evangelizadores son los santos. No solo los santos canonizados, sino también aquellos cristianos de corazón, con mucha fe, caridad y sabiduría. Todos están de acuerdo que el ejemplo vale más que las palabras. San Francisco de Asís decía a sus frailes: “Prediquen siempre el Evangelio, y si fuese necesario, también con palabras”. En la Evangelii Nuntiandi n° 41, Paulo VI° afirma: “Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana…” El Papa emérito Benedicto XVI dijo que “la Iglesia crece no por proselitismo, sino por atracción”. ¿Y qué es lo que atrae? La verdad en sí misma, los grandes valores del Evangelio, la persona de Cristo, el testimonio de los que dicen ser cristianos. El Papa Francisco dijo a los catequistas en un encuentro internacional: “Tienen que ser, más que hacer”. El testimonio del amor y del martirio lograron conquistar a muchos para la fe cristiana. Los paganos decían: “¡Miren como se aman!”. Tertuliano, en el siglo segundo, escribió: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Un contemporáneo de Tertuliano, Hipólito Romano escribía, durante la persecución de Septimio Severo, que un gran número de hombres, atraídos a la fe por medio de los mártires, se convertían a su vez en mártires (cfr. Comentario sobre Daniel, II, 38). Jesús dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24). Con otra parábola el Señor nos enseña que, así como la semilla una vez echada en la tierra, tiene virtud propia para nacer y crecer, igualmente su Evangelio, una vez anunciado tiene una gran capacidad de atracción para cambiar las almas (Mc 4,26-29).

  1. El mejor evangelizador es aquel que está bien motivad El Pr. Luis A. Núñez enumera cinco motivaciones fuertes: -1. Hemos recibido mucho de Dios. Tenemos un deber de gratitud para con el Señor; y esta gratitud se hace efectiva trabajando por su Reino; porque es su voluntad que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). -2. El infierno es una realidad. Jesús nos asegura: Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (Mt 7,13; cfr Lc 13,23-24). Con respecto a la existencia del infierno o la condenación, basta leer la parábola de Lázaro y el rico Epulón (Lc 16,19-31), y el discurso del juicio (Mt 25,31-46). Quien tiene amor al prójimo hará del todo para que no vaya a sufrir eternamente. -3. Se siente colaborador de Dios. El Señor necesita testigos, apóstoles, misioneros, para anunciar la Buena noticia de la salvación a todo el mundo. El evangelizador se compromete porque se identifica con la voluntad y los sentimientos de Cristo Redentor, venciendo la indiferencia, la pereza, el egoísmo y el temor. -4. Se siente responsable por las almas sobre quienes tiene influencia: los familiares, los amigos, los vecinos, los colegas de trabajo… Entiende que tiene el deber de “hacer el bien a todos”, así como dijo Pedro de Jesús (cfr  Hch 10,38); y si no lo hace, advierte con angustia su falta de caridad. -5. Sabe que recibirá una gran recompensa. El Señor promete “el ciento por uno y la vida eterna” a aquellos que lo siguen y colaboran con Él en la misión evangelizadora y en  la obra de salvación (cfr Mac 10,30; Mt 19,29).

 

  1. En el documento de Aparecida se afirma que todo cristiano está llamado a ser discípulo misionero; no discípulo y misionero, sino al mismo tiempo el uno y lo otro. Solo es posible ser misionero, apóstol, evangelizador, catequista, siendo discípulo del Señor. Eso significa estar con Él para aprender sus enseñanzas, para conocerlo y para estrechar una profunda amistad con Él. Los mejores evangelizadores de todos los tiempos, fueron aquellos que se apasionaron no solo por el Evangelio de Cristo y su obra de salvación, sino sobre todo por su Persona. Más que pregoneros de su evangelio, fueron testigos de la grandeza moral y espiritual de Jesús, de su personalidad excepcional, de su divinidad, de su bondad y caridad increíble, de su inmensa misericordia. Tal vez lo que más conmovió a los apóstoles y a los que lo conocieron en profundidad, fue el hecho de “haber dado la vida por sus amigos”, que el mismo Jesús definió como “el amor más grande” (Jn 15,13). Eso significa que percibieron el gran amor, la gran benevolencia de Cristo hacia todos, y eso los motivó a su vez a presentarlo como el amigo más grande de la humanidad, el Bienhechor más grande de todos los tiempos, el Buen Pastor, el Salvador. El Papa emérito Benedicto XVI dijo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran ideasino por el encuentro con un acontecimiento, con la Persona de Cristo” (Mensaje de cuaresma de 2013).

 

  1. Para evangelizar con eficacia se necesita una buena formación doctrinal, una convicción profunda y una sabiduría que va más allá de los conocimientos humanos; una sabiduría enriquecida y fundamentada en la Palabra de Dios. Debe tener la certeza de que solo Cristo es el “camino, la verdad y la vida”, y de que “no hay otro nombre bajo el cielo en quien podamos hallar la salvación” (Hch 4,12). Quien desea transmitir la fe a los demás, deberá estar bien instruido en la doctrina cristiana; tiene que saber justificar las verdades teológicas, bíblicas y éticas, con razonamientos y argumentos lógicos. No es suficiente proponer o exigir la vivencia del evangelio basándose solamente en las devociones, sentimientos y costumbres; sin el soporte de argumentos razonables no resistirán al racionalismo y secularismo posmoderno. El catequista o el agente de pastoral que duda o no está bien compenetrado de las verdades que enseña, no tendrá mucho éxito en la tarea evangelizadora, ni para su propia vida. Y si las palabras no están refrendada con el testimonio de vida, menos podrá conseguir la conversión de los demás.

 

  1. El buen evangelizador debe saber presentar los grandes valores y mensajes de Evangelio: el amor a Dios y al prójimo; la perfección moral y espiritual; el estilo de vida según las bienaventuranzas; la visión trascendente y sobrenatural de la vida; los compromisos sociales y temporales de la fe;  la verdad, la justica y la caridad; la proyección misionera y testimonial de la vida cristiana; la pasión por la gloria de Dios y la salvación de los hombres. El evangelizador debe poner en evidencia la superioridad de la fe cristiana en cuanto a la doctrina, la moral y la realización plena del hombre. Por lo frutos se conoce el árbol, dijo Jesús (cfr Mt 12,33). No hace falta criticar a las demás religiones o ideologías; basta resaltar la excelencia de vida personal y social que produce la vivencia del Evangelio. La perfección de vida de los santos, fruto de la fe cristiana, son una muestra de lo que puede llegar a ser el hombre en su ser y en su quehacer. Jesús nos exige la perfección y nos la muestra con su vida, para nuestro bien y para la gloria de Dios.

  1. La predicación de la fe cristiana no debe limitarse o reducirse a la dimensión moral. Esta es importante y necesaria, pero no es el fin último de la evangelización, sino un medio de santificación para agradar a Dios y compartir su vida divina, y en ello alcanzar la felicidad. Este es el objetivo último o primero del anuncio del Evangelio. Muchas veces se ha dicho que Evangelio quiere decir buena noticia; y la buena noticia consiste en que Dios nos ofrece la salvación en Cristo; es decir nos ofrece su amor y nos pide amor para que lleguemos a tener un “gozo perfecto”,  la felicidad verdadera y total. Los padres son felices en el amor de sus hijos, y viceversa; los enamorados son felices en la presencia y el abrazo recíproco; y cuanto más son buenos y perfectos, tanto más gozarán. Pero solo en Dios habrá una dicha total, porque Dios es lo Absoluto del amor y de todas las perfecciones. Si no alcanzamos a Dios, sufriremos eternamente por el deseo insatisfecho de felicidad. Evangelizar es ofrecer felicidad plena y eterna. No hay mejor forma de evangelizar, porque el “Evangelio es alegría”, tanto para el que lo anuncia como para el que lo recibe. El discurso de la felicidad lo aceptan todos, y siempre tiene éxito; por lo menos no deja de despertar interés.

 

  1. La metodología es muy importante a la hora de evangelizar. No es lo mismo hablar de Dios a los niños, que a los jóvenes, los adultos y los ancianos. A los niños, por ejemplo, se les puede presentar a Dios como el Padre Bueno que los quiere mucho, que les da la vida, los ampara, y al mismo tiempo les exige que se porten bien. A los jóvenes, que aprecian el amor de pareja, la vida, la libertad, la amistad y los ideales de grandeza, se les puede anunciar el evangelio del amor verdadero, de la perfección y de los compromisos de santidad, animándolos a imitar a Cristo, modelo insuperable de toda virtud y grandeza. A los adultos, que viven para la familia, el trabajo, las responsabilidades sociales, se les puede hablar de la entrega generosa y fiel a sus compromisos, agradeciendo a Dios por todos los bienes que les brinda día a día. También se les puede exhortar a mirar hacia el cielo, pues ya van experimentando la precariedad y la insuficiencia de los bienes terrenales para lograr la felicidad total que persiguen desde la niñez y la juventud. A los ancianos, que han adquirido la capacidad de valorar lo que es relativo y lo que absoluto, que han visto caer tantos ídolos e ilusiones de su vida, se les puede señalar a Dios como el verdadero Absoluto que hace la felicidad verdadera y completa del corazón humano.

 

  1. También hay que tener en cuenta la psicología de cada uno, su capacidad racional, su experiencia de vida, su cultura y convicciones, la educación recibida, las experiencia positivas y negativas de su vida, su condición de salud y bienestar, sus aspiraciones e ideales… No es lo mismo hablar de Dios a las personas equilibradas que a los neuróticos; a los sanos que a los enfermos;  a los que están satisfechos de su vida que a los que se sienten frustrados; a los de temperamento emotivo que a los racionalistas; a los ateos que a los que son religiosos; a los orgullosos y egoístas que a los humildes y altruistas… De todas maneras el discurso sobre la felicidad sería aceptado por todos, porque es lo que todos buscan. Habrá que explicar que la felicidad es el resultado de la perfección de vida exigida por Dios y enseñada por Cristo en su Evangelio. Con la razón, el corazón y la consciencia podemos buscar y hallar a Dios, que es el Ser Supremo, el Amor y la Belleza infinita, la santidad perfecta. El mejor evangelizador pregona a Dios como nuestra felicidad plena.

 

LA MEJOR SOCIEDAD POLITICA  ECONOMICA

 

  1. Sabemos que hay varias doctrinas, a veces discordantes, que quieren orientar el quehacer humano en la política y en la economía. También la Iglesia tiene su “doctrina social” con que aporta a la humanidad unos principios éticos y religiosos, fundados en la razón y en la Revelación, para optimizar las relaciones sociales en todos sus aspectos. Ya en el A.T. había normas y preceptos que regulaban la convivencia humana, como expresión de la voluntad de Dios. Se recomendaba la justicia y honestidad en los intercambios comerciales, en la retribución de los trabajos; se recomendaba la atención a los enfermos y la solidaridad con los pobres, especialmente con las viudas y los huérfanos; se exigía un buen trato con los esclavos y extranjeros; se pedía evitar la usura en los préstamos, e incluso la condonación de las deuda después de algunos años (en el año sabático); se imponía unos impuestos y se pedían donaciones para las obras públicas y para el mantenimiento del culto. A los gobernantes se le exigía administrar correctamente la justicia, proveer por el bien común del pueblo, no abusar de su poder. Los diez mandamientos estaban a la base de las relaciones sociales, políticas y económicas.

 

  1. En todos los tiempos los filósofos y sociólogos han tratado de señalar cuáles son los principios y las reglas para una buena convivencia. Hay una literatura inmensa sobre esta problemática, desde los pensadores griegos y romanos de la edad clásica, pasando por el cristianismo, la edad media, el renacimiento y hasta la edad moderna y contemporánea. Se habla de justicia distributiva y conmutativa, de la necesidad de la intervención de las autoridades de gobierno y judiciales para el orden social; de la equidad y la igualdad social y de oportunidades, de la dignidad humana, el bienestar y el bien común, la distribución de la renta, de la destinación universal de los bienes y recursos; de los derechos humanos, sindicales y laborales. Se proponen distintos regímenes de gobierno: monárquico, republicano, absolutista, democrático, socialista, fascista, nacionalista etc. Surgieron partidos basados en filosofías e ideologías políticas con propuestas para una mejor economía y justicia social (liberalismo, socialismo, socialdemocracia, democracia cristiana). Se organizaron cooperativas, sociedades y fundaciones de beneficencia, y un sinfín de instituciones para la promoción humana.

 

  1. Las doctrinas más en boga de los últimos tiempos, que polarizan el mundo político-social, son el liberalismo, el socialismo y e socialcristianismo. Existen dos liberalismos; el primero significa una actitud de renovación y avance, el segundo es económico, nacido en el siglo XVII, cuando se dieron los primeros pasos del capitalismo y la industrialización, siendo la teoría del “lassez faire” (dejar hacer) la que se aplicó a la economía. Los partidarios del liberalismo sostienen que el afán de lucro, el interés personal en la economía es el motor del progreso, obligando los individuos a emplear su máximo esfuerzo e inventiva. Por eso propician la propiedad privada de los medios de producción, ya que esta sería la forma de garantizar la obtención de mayores ganancias. La vida económica se regula automáticamente según las leyes naturales; una de ellas es la ley de la “oferta y la demanda”. El estado no debe intervenir, sino dejar plena libertad. En el campo político y social, los ciudadanos deben gozar de toda clase de derechos: libertad de trabajo, de industria, de reunión, de prensa, de opinión, de asociación etc. Ante la ley y la justicia los hombres deben considerarse iguales, con derecho a decidir sobre los asuntos de gobierno. En el siglo XIX, estos principios dieron origen al establecimiento de las democracias burguesas.

 

  1. En oposición al liberalismo económico y social surgió el socialismo y el comunismo. Los actuales principios socialistas se deben a Marx, Engels y Lenin. En 1848 Marx publicó el “Manifiesto del partido comunista”, luego más tarde “El capital”. En sus obras observa una sociedad en que sólo existen grupos pequeños de explotadores y grandes masas de explotados. Por eso incita a la lucha de clases y a la revolución para establecer una sola clase social, la de los proletarios. Propicia la abolición de la propiedad de los medios de producción (socialismo) y de la propiedad privada (comunismo), la concentración del capital y de la producción en mano del Estado. Afirma que los empresarios se apropian indebidamente de una gran parte de la ganancia de los trabajadores, aumentando constantemente su capital y manteniendo en la pobreza a los obreros (teoría de la “plusvalía”). Según Lenin esto genera el imperialismo económico y político. Desde el punto de vista filosófico creó la escuela del materialismo dialéctico, donde se afirma que el único motor de la historia son los factores económicos; lo demás son superestructuras (política, religión, ciencia, arte etc). Las angustias y miserias de los pueblos sometidos a las durezas del capitalismo del siglo XIX, crearon las condiciones favorables para la difusión del Marxismo, que propiciaba la unidad de todos los explotados para hacer la revolución. Fue tan grave la explotación capitalista que generó la llamada “Cuestión Social”.

 

  1. Las ideologías socialistas han dado lugar también a los regímenes populistas. Para imponerse tratan de armar una confrontación entre el pueblo y sus enemigos, los anti-pueblo, que serían las oligarquías, la plutocracia, los yankees, los españoles conquistadores, las empresas locales, el imperialismo extranjero etc. El pueblo en cambio tiene todas las virtudes: es honrado y desinteresado, nunca se equivoca, escoge el mejor líder. Los populistas intentan concentrar los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, para tener todo el poder a mano. Todo lo justifican por el bien del pueblo: corrupción, injusticias, atropellos, violación o cambio de la constitución… Culpan a los anti-pueblo por todo lo que anda mal. Quieren satisfacer las necesidades del pueblo publicitándolas por los medios masivos y a través del sistema de educación. El pueblo se enamora de los populistas y los apoyan. Los populistas para financiar los empleos estatales, las dádivas, los subsidios, las bolsas de comida, las obras sociales, incrementan los gastos públicos; para eso tienen que aumentar los impuestos, la deuda pública, y sobreviene la inflación que se come los ahorros de la gente. Por una parte incrementa el consumo, por otra parte desincentiva la producción, descapitaliza el país; y para sacar más fondos, porque el dinero al Estado nunca le alcanza, siguen expoliando al sector productivo, establecen el control de precios, las tarifas a las importaciones y exportaciones, aumentan los impuestos… hasta que la economía retrocede y colapsa, y la pobreza aumenta, como ha ocurrido en Venezuela, Nicaragua, Argentina. Y la culpa es siempre del anti-pueblo (FMI, los yankees, el capitalismo etc). “Los populistas aman tanto a los pobres que los multiplican”, afirma un crítico del populismo.

                                                                                            

  1. El socialcristianismo, en base a los datos bíblicos, al magisterio de la Iglesia y a las encíclicas sociales de los papas, afirma que la Cuestión Social no es sólo de orden económico, como sostienen los liberales y socialistas, sino principalmente un problema moral, por lo tanto su solución no estriba en acentuar lo económico, sino en subordinar la economía a la moral. Fundamento de esta doctrina es la dignidad humana, la igualdad de los hombres, el amor a los semejantes y la caridad cristiana. Con respecto a la propiedad privada, reconoce su legitimidad, pero no como un derecho absoluto, porque los bienes y recursos de la tierra  son para toda la humanidad y tienen una función social, que es el bien común. El salario debe permitir el sustento digno del trabajador y de su grupo familiar; la remuneración debe ser asignada también según la cantidad y calidad del trabajo y su producción. Con respecto al Estado, la Iglesia aconseja una intervención moderada, de control y de subsidiariedad, favoreciendo la justicia social, la libertad, el bien común, defendiendo a los débiles, alentando las iniciativas de los ciudadanos, garantizando los derechos humanos.

 

  1. Si analizamos todas las doctrinas sociales, debemos reconocer que la doctrina social cristiana ofrece las mejores propuestas para la vida política y económica de la humanidad entera. El Papa Francisco en la “Laudato si” n° 231, afirma que el pilar de la acción eclesial se expresa en el amor social, civil y político; y este amor <<se manifiesta en todas las acciones que procuran construir un mundo mejor. El amor a la sociedad y el compromiso para el bien común son una forma excelente de la caridad, que no solo afecta las relaciones entre los individuos, sino a las “macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas”. Por eso la Iglesia propuso al mundo el ideal de una “civilización del amor”>>. Según el documento del Dicasterio Pontificio para el servicio del desarrollo humano integral, “el bienestar económico global ha aumentado en la segunda mitad del sigo XX… pero hay que señalar que al mismo tiempo han aumentado las desigualdades entre distintos países y dentro de ellos. El número de personas que viven en pobreza extrema sigue siendo enorme” (n°5). El mismo documento hace observar que en el mundo a menudo prevalece el egoísmo, los intereses individuales, los abusos y prácticas inicuas, en contra del bien común, causando sufrimientos para toda la humanidad; que la economía no está al servicio de una buena política, y que esta se distorsiona por los intereses económicos.

  1. He aquí algunas puntualizaciones necesarias que señala el documento eclesial citado. Hay que elaborar una antropología que coloca al hombre por encima del dinero, del mercado, de los negocios materiales. La política y la economía, el sistema financiero, deben estar al servicio del bien individual y común, y no al revés. Considerando la dignidad humana, se debe formular una ética que regula las relaciones sociales, productivas y retributivas (salarios, sueldos) en vista de la justicia, la verdad, la caridad social, la solidaridad y subsidiaridad y del bien integral de los ciudadanos. Hay que controlar las oligarquías, la plutocracia, los carteles, la capitalización y la praxis financiera a costa de la economía real, las ganancias ilícitas (robo, fraude, corrupción, evasión fiscal, asociación criminal, mafias, el lavado del dinero “sucio”, los créditos usureros…). Hay que establecer una imposición tributaria justa, para una función equitativa y redistributiva de la riqueza. Hay que evitar la deuda pública generada por una administración imprudente o dolosa, pues constituye uno de los mayores obstáculos para el crecimiento de las distintas economías nacionales. Hay que fomentar también la responsabilidad de los ciudadanos, quienes tienen a disposición importantes herramientas para resolver muchos problemas. Por ejemplo, elegir gobernantes honestos, capaces y con ideologías apropiadas para el manejo de los intereses públicos; el ejercicio crítico  y responsable del consumo y del ahorro…

 

  1. Bastaría vivir en serio el Evangelio para lograr una sociedad paradisíaca, donde todos y cada uno buscan el bien recíproco. “Ama a tu prójimo como a ti mismo” nos dice Jesús. El Papa emérito Benedicto XVI dijo que la mejor contribución de la Iglesia para el bien de la sociedad y la promoción humana, es la evangelización. En efecto el evangelio con la doctrina de la dignidad humana, derivada de la filiación divina y la identificación de Cristo con todo ser humano, haría posible las mejores relaciones humanas. Las obras de caridad y misericordia exigidas por Jesús como condición para entrar en el Reino de Dios (cfr Mt 25,35-46); las bienaventuranzas como nuevo estilo de vida para las personas, libres de codicias, ambiciones y rencores, comprometidos con las obras de paz, justicia y verdad, podría cambiar la sociedad dividida y conflictuada, temerosa de fraudes y abusos, en una gran familia donde todos se sienten y se tratan como hermanos. No harían falta los tribunales, las cárceles, la policía, el ejército, las garantías y otros medios de defensa y seguridad. Si somos capaces de hacer realidad el pedido que hacemos con el Padre Nuestro: “Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”, entonces tendríamos a sociedad perfecta. Parece utópico, porque nadie es perfecto, todos están infectados por el pecado y sus consecuencias; pero al menos avanzaríamos hacia el ideal, acercándonos lo más posible. Cosa que no se conseguiría con las demás ideologías y religiones, porque su ética está viciada por errores y deficiencias propias de los proyectos humanos. El proyecto cristiano en cambio tiene la perfección y las garantías de la Revelación divina.

CONCLUSIÓN

El ser humano siempre busca el bien, lo mejor, lo perfecto, aun cuando lo hace de manera equivocada, creyendo alcanzar la felicidad en eso. Hemos visto como hay corrientes de pensamiento y actitudes divergentes con respecto a lo que es lo mejor para la vida humana. Todos están de acuerdo, consciente o inconscientemente, que el fin principal de la vida es la felicidad. Pero no todos la buscan con los mismos medios o en los mismos objetos. Para unos la felicidad está en Dios; para otros en sí mismos; para otros en las relaciones humanas; para otros en la perfección moral; para otros en el placer, en el poder y en el tener; para otros en el arte, o el deporte, en la ciencia, el trabajo… También todos están de acuerdo que hay que construir una sociedad perfecta, en la organización política y económica, con justicia, equidad, seguridad y bienestar para todos; que todos tengan la mejor salud física y mental; que hay que proporcionar a las nuevas generaciones la mejor educación y formación; que el matrimonio y la familia sean verdaderos hogares de la felicidad y santuarios de la vida; que lo pueblos y países vivan en paz y progreso constante… Pero si echamos una mirada a la historia presente y pasada, constatamos que todo ésto no se da, por lo menos en su totalidad, debido no solo a la mala voluntad y mal comportamiento de los hombres, sino también a doctrinas filosóficas, éticas y religiosas imperfectas y erradas, que llevan a los hombres a tomar decisiones y direcciones equivocadas, que los alejan del verdadero bien y por lo tanto de la felicidad. Hemos visto por ejemplo como el ateísmo borra de la mente y la consciencia a Dios, privando al hombre del fundamento a la ética y a las aspiraciones de plenitud y eternidad. Como las filosofías inmanentes y relativistas, niegan la posibilidad de alcanzar la verdad, debilitando principios y convicciones en todos los ámbitos de la vida personal y social. Como el individualismo subjetivista malogra la convivencia social y familiar; vanifica las leyes, los compromisos y los contratos. Como la falta de ética vinculante anula la recta conducta. Como las mismas religiones, al no tener un adecuado conocimiento de Dios y una correcta interpretación de su Palabra o de su voluntad, pueden desviar a los hombres del recto camino y causar frustraciones, conflictos e incluso malas conductas (ley del talión, divorcio, odio a los enemigos, salvación sin obras, etc…).

No es presunción de parte del catolicismo afirmar que todo lo mejor se consigue practicando su doctrina, porque Jesús prometió a su Iglesia, fundada sobre Pedro y los Apóstoles, la asistencia del Espíritu Santo y su acompañamiento personal. Entonces si queremos lo mejor, vivamos con fidelidad nuestra fe cristiana.

                                                                                      Mons. Roberto Bordi ofm

 

APENDICE:

EXTRACTO DE LAS CONCLUSIONES DEL V° CONGRESO MISIONERO AMERICANO  (Santa Cruz, 10-14 de julio de 2018)

<< La realización del V° CAM ha sido sin duda un momento de gracia para la Iglesia en América, a través del cual se puede avivar la misionariedad de toda la comunidad católica para hacerse presente en todas las realidades del mundo con la fuerza transformadora y con la alegría del Evangelio, que nos impulsa a trabajar abriendo vías de comunión y de reconciliación en los ámbitos sociales y políticos, interreligiosos y eclesiales. Con sentido misionero y evangelizador y con audacia este Congreso va a fomentar a partir de ahora cambios en las actividades y en las estructuras eclesiales, de modo que esta Iglesia “en salida” responda con fidelidad a Dios en su misión abierta “Ad Gentes”, especialmente a los pobres y a los descartados, a los que no conocen ni a Cristo ni los valores que emanan del Evangelio de la Alegría >>

<< Siguiendo la orientación marcada por el Concilio Vaticano II, desde la Gaudium et Spes y con el decreto Ad Gentes, y la Conferencia de Aparecida del CELAM, la Iglesia se muestra esencialmente misionera cuando se abre a los desafíos del mundo contemporáneo para buscar las respuestas adecuadas desde el Evangelio y la Palabra de Dios. Somos conscientes de los grandes cambios rápidos y profundos que zarandean las culturas y las sociedades de esta época posmoderna, que, sometida y encandilada por las nuevas tecnologías, sigue sin resolver eficazmente problemas enquistados del hombre y del mundo. Entre estos retos nuestra Iglesia está preocupada especialmente por los siguientes grandes fenómenos de nuestro continente:

la crisis de la familia con todos sus problemas derivados, el desprecio y la violencia contra la vida y la dignidad  humana, la vulneración de los derechos humanos, el dominio económico de unos pocos que genera desempleo y pobreza, el panorama de injusticia y de falta de solidaridad que deja tras de sí el ser humano en la época del secularismo, la necesidad de cuidar a la Hermana  Madre Tierra, la preocupante situación de desigualdad y de violencia a que está sometida la mujer, las migraciones, la población indígena, los aspectos sombríos de la misma Iglesia, golpeada sobre todo por los escándalos de la pederastia, el descenso de las vocaciones sacerdotales, la modernidad débil y relativista así como la negatividad y la inmoralidad inherentes a dicha modernidad. >>

<< Las brillantes, profundas e iluminadoras conferencias que han tenido lugar en el Congreso han sido las siguientes: La primera, “La alegría Apasionante del Evangelio”,  a cargo de Mons. Guido Charbonneau (Honduras). La segunda, “Anunciar el Evangelio al mundo de hoy” a cargo de Mons. Santiago Silva (Chile). La tercera, “Discípulos testigos de la comunión y de la reconciliación” a cargo del P. Sergio Montes, S.J. (Bolivia). La cuarta, “Misión Profética de la Iglesia hoy” a cargo de Mons. Luis A. Castro (Colombia). La quinta, “Misión Ad gentes en América y desde América”, por Mons. Vittorino Girardi (Costa Rica) >>.

 

Las propuestas y compromisos que salieron del V°Congreso Americano Misionero, con el lema “AMERICA EN MISIÓN, EL EVANGELIO ES ALEGRÍA”, son las siguientes:

  1. Educar en la alegría del Resucitado y de las Bienaventuranzas.
  2. Salir a las periferias del mundo para ir al encuentro de los “otros”.
  3. Fomentar el conocimiento de la Biblia y de los Evangelios
  4. Promover las comunidades de vida misionera
  5. Promover la comunión de bienes en la Iglesia y con los pobres
  6. Promover la reconciliación en todos los ámbitos de la vida
  7. Fomentar la conciencia de la misión profética y liberadora en todos los ámbitos sociales
  8. La evangelización de la familia como clave cristiana de transformación social y cultural
  9. Potenciar una Iglesia misionera más ministerial y laical
  10. Promover y cuidar las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa
  11. Celebrar la fe y la religiosidad popular en clave misionera
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